Infatigable
Al añejo arado, rústico y campesino
El arado no descansa
roturando isleñas tierras,
llevado de la esperanza
de obtener fruto y cose-
[cha,
en un faenar que aprecia
el trajinante en su trama.
Y firme a su convicción
en su amanecer diario,
abriga con ilusión
en su quehacer desga-
[rrado,
ese voto y ese ánimo
que ofrenda su remo-
[ción.
Es un reguero que holla
el suelo de la labranza
y al pergear sin demora
agreste es de una raza
compasiva y ardorosa,
de edad quizás ya
[lejana.
Para él no existen som-
[bras
y si el sol de las jorna-
[das,
en la estepa desolada
que espera de esa su
[toma,
o en el terreno que llora
sin que lo abonen sus
[lágrimas.
Y lo inhóspito se vuelve
en fértil y exuberante,
por su amparo que con-
[mueve,
y al alterar cada instante
incitado de enterneces
se encamina a la fra-
[gancia.
Arado, siempre incansa-
[ble,
tan fulgurante de refle-
[jos,
allí sus huellas de afecto
legando van con su [abrace,
en sus tareas tan graves,
en sus arrullos sin
[tiempo.
Juan Antonio López de Vergara y Batista
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