EL SECTOR estalinista de los socialistas obreros de toda España ha optado por seguir por los caminos del sectarismo que les llevarán, inexorablemente, a recordar historias pasadas que ellos deberían difuminar en los recónditos vericuetos de la reciente memoria histórica de su organización y, sin embargo, eligen, en cada mitin o aparición pública (sería razonable prohibirles a María Antonia Iglesias y Enric Sopena, ambos antiguos dirigentes de RTVE, su presencia actual en tertulias -la derecha no podía tener mejores aliados-), provocar que ese vergonzoso pretérito fuerce a abandonar el Parlamento nacional a figuras (Peces Barba, Sevilla) que todavía tienen mucho que aportar y, paralelamente, el acercamiento de simpatizantes al otro importante partido de la bamboleante política española.
El encuentro campero que el presidente Zapatero convoca cada año en la localidad leonesa de Rodiezmo se convirtió en una reunión donde se escucharon disparates descafeinados (puños en alto), confirmando que los obreros socialistas andan agarrándose a cualquier clavo ardiendo que les proporcione un argumento. Los clavos ardiendo raramente proporcionan algún argumento y sí multitud de salidas de tono que oscurecen determinados fines. El lucimiento personal del presidente este año no lo fue tanto, pues hasta el mismo alcalde y vecinos del pueblo le afearon su presencia por la política económica, nefasta política económica, que ha hundido a España al último puesto europeo con visos ya no de salir de la crisis, sino de tocar fondo de una vez para iniciar lo que otros ya vienen haciendo con éxito. Esto es, despuntar.
Lo que no se les puede negar a los socialistas obreros es que forman parte de ese formidable mundo artístico que encierra un circo y su capacidad, heredada desde los tiempos esplendorosos de Felipe González, para organizar fiestas donde solamente se escucha una realidad del país que no existe y otra, a la vez, que tampoco existe pero que es la que hay que transmitir al pueblo como cierta, envuelta en un papel de celofán que encandile. Así, el presidente Zapatero, en León, no perdió el tiempo en dedicar algún mensaje sobre el tema estrella del verano: las escuchas ilegales, pero sí a resumir lo que había hecho la oposición en los últimos meses con esta lacónica frase: "Es mejor ni recordarlo". Allí anunció la subida, no cuantificada, de pensiones y en el Congreso, la pasada semana, la subida, igualmente, de impuestos con los que pretende recaudar 15.000 millones de euros. Pero se le pasó por alto indicar quiénes contribuirán con sus dineros a tapar el enorme agujero insultante de esta Administración. ¿Las clases medias, tal vez? Para qué pensar mal. Serán los ricos quienes aporten más... en paraísos fiscales. ¡Ah!, y un nuevo eufemismo: la economía sostenible (nadie sabe de qué se trata) y, de nuevo, la paz social (4 millones de parados) como doctrina indiscutible que justifica el despilfarro. De momento, pidió la ayuda de Rajoy para afrontar la reducción del gasto público. Si hubiesen escuchado las recomendaciones de Manuel Pizarro, en aquella encerrona televisiva frente al inefable Solbes, es posible que España estuviera hoy subiendo la escalera en el mismo peldaño que Francia, Alemania o Italia. Pero la tozudez suele ser tozuda y ésta es una de las virtudes que adornan a nuestro bienamado presidente, hasta el punto de declarar que "lo peor ya ha pasado". Está obstinado, por ocupar la presidencia europea y por ella realiza toda la ristra de sinrazones que vienen definiendo su política.
Con todo, preferimos el circo instalado en Rodiezmo para Zapatero. Su papel fue institucional, lejos de corruptelas y mensajes partidistas. Las palabras ácidas y las frases graciosas e insultantes se las reservaron a un personaje singular e histórico, protagonista de esa historia para olvidar. Alfonso Guerra debería guardar un prudentísimo silencio cuando a su alrededor se hable de corrupción. No está en condiciones de soltar el chiste sobre los chorizos del PP teniendo el lamentable currículo conseguido junto a su ex amigo y compañero Felipe González (dos por el precio de uno). Y es curioso porque, siguiendo este hilo, surge aquello de "la historia se repite". Y se va a repetir con Rajoy y Camps. El primero empecinado, como antaño González, en defender a ultranza al presidente valenciano que atesora cada día más detritus impredecibles. Sosegados los ánimos, Zapatero y Rajoy deberían hablar sobre... España. Lo demás, aparcarlo. Cada día que pasa hay más parados y menos empresas. Los fanáticos sobran.
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