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TROMPULGA Y CHICHAPIÉ JOSÉ A. INFANTE BURGOS

Campesinos, granjeros y el campo

16/sep/09 07:32
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A PARTIR del sometimiento -que comenzó antes del siglo XIV hasta la última batalla de Acentejo en 1496- de las poblaciones existentes en las Islas, se siguieron produciendo escaramuzas, rebeliones y alzamientos en diferentes zonas. Se recogen abundantes testimonios escritos. Islas enteras, como La Gomera, se alzaron en pulsos decididos contra las autoridades impuestas. Costaba adaptarse y es historia, aunque el grueso de los naturales se integró en las primeras decenas de años a la organización de trabajos y repartos de tierras, que habían sido suyas, que imponían los recién llegados adoptando apellidos, lengua y una mezcla racial escasamente diluida (en el conjunto) en los primeros siglos, dado que los europeos que llegaban lo hacían a cientos, en cantidades relativamente pequeñas en comparación con las decenas de miles de guanches que a pesar de las enfermedades, esclavitudes y muertes consiguieron superar las etapas iniciales, y dado también que, tras el descubrimiento de América, las corrientes humanas se centraron en el abordaje del gran continente.

El aborigen más reacio a la integración se aisló en las zonas más montañosas y pobres de cada territorio. En todas las islas abundan los restos de aquellos hombres, mujeres y niños que intentaron la supervivencia de forma tangencial al nuevo orden económico que imponían los europeos. Aún se recogen cerámicas y restos fósiles en zonas como Ucanca, Icod el Alto, Guía, La Aldea, etc. de esos últimos periodos y aun he oído, concretamente en la isla de El Hierro, que los abuelos de los abuelos contaban de sus antepasados que personas del monte bajaban a rapiñar cultivos para comer.

Los "magos" (al parecer el término es atribuible en origen a la denominación de "mauros" dada por los castellanos para los de la isla de Tamarán), que equivalía al campesino guanche, vivían en los altos o medianías más intrincadas y pobres por la orografía (aptas para pastoreo) y no recibieron la suficiente influencia cultural durante la colonización y, posteriormente, hasta que a fuego lento fueron progresivamente digeridos e integrados por medio de padrinos en las sociedades ya pacificadas. Siempre campesinos y nunca granjeros, cuando un campesino se encuentra aislado en grandes propiedades de su dominio o maneja su producción con considerable orientación comercial, se transforma en un granjero, término aplicable al estudio de la Antigua Grecia en su llamada "Edad Oscura". Los campesinos canarios ni siquiera ahora pueden sobrevivir como granjeros. Poquitos, poquitos. Los grandes cultivos siguen estando en los valles y su explotación está más en las manos de los capitales e inmigrantes. La agricultura de medianía, igual que antes, ha sido barrida de los canales comerciales. Sólo cubrimos un quinto de las necesidades alimentarias actuales. Muy poco.

Tanto los integrados como los no integrados de aquel tiempo fueron configurando en su adaptación progresiva al que en ese momento era el imperio español, extendiéndose por América el alma trifásica de este archipiélago atlántico. Todas las formas, tradiciones, costumbres y fiestas del pueblo canario tienen su raíz clavada o anclada en el entendimiento de que de ninguna manera ellos fueron barridos del mapa. Nada más hay que observar detenidamente:

En Canarias se cultiva sólo un tercio de la superficie agrícola. La superficie agrícola es de 142.600 hectáreas, de las que solamente se cultivan 53.600, algo más de una tercera parte del total. El caso más extremo es el de Fuerteventura, en donde se han abandonado el 92% de sus 9.518 hectáreas cultivables. Mientras tanto, las importaciones de productos alimentarios constituyeron bastante más del 30% de todas las importaciones del archipiélago. La ganadería canaria sólo cubre un 13%, es decir, que el 87% de la demanda de carne y sus derivados viene de fuera, mientras que la agricultura apenas aporta el 20% de la demanda del mercado.

Se trata de porcentajes muy inferiores al nivel mínimo de autoabastecimiento aconsejado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que estima que la seguridad alimentaria existe cuando las producciones autóctonas satisfacen, al menos, el 75% de la demanda. Canarias es el territorio que emplea más fertilizantes y productos fitosanitarios por hectárea y con el mayor número de cultivos intensivos, gracias a las plataneras y cultivos de tomates.

Con la crisis afectando a la que llaman principal industria canaria (y que no es nuestra, ojalá), el turismo, y la quiebra del sector de la construcción, las miradas vuelven a dirigirse al campo.

infburg@yahoo.es

 

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