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LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

Mi sustituto (III)

16/sep/09 07:32
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EL SR. Pildain sigue su discurso en la sesión parlamentaria del 1 de marzo de 1933. Reflexionemos en este apartado: "El laicismo no representa una aurora, sino un ocaso".

"Sres. Diputados, vayamos a estudiar por un momento la raíz de ese laicismo que aquí, a todo trance, se trata de implantar. Ya sabéis que la raíz de los fenómenos políticos que a flor de tierra aparecen suelen ser doctrinas filosóficas que bajo tierra se ocultan, y es menester tenerlas en cuenta, para que no ofrezcáis al mundo el caso, no excesivamente honroso, de que, por ejemplo, y precisamente en los días en que las páginas de La Gaceta se estaba apelando, en una de las disposiciones oficiales, a eso de la libertad de conciencia del niño, obtenida por la no enseñanza de la Religión; en los mismos días en que en las páginas de La Gaceta se invocaba todo aquello de la autonomía individual humana como una doctrina moderna (?). Pero esto, en vez de representar una aurora, representa un ocaso; en vez de representar el principio, representa el final de un periodo, y que únicamente han podido definitiva esa doctrina los que la reputaban nueva, cuando la Filosofía y Pedagogía modernas la han juzgado ya como absolutamente anacrónica, equivocada y caduca (?).

Sí, señores; nosotros venimos aquí a implantar la escuela laica (me parece que estaba oyendo aquí su eco al escuchar esta tarde al Sr. ministro de Justicia), porque en nuestro honor está el no tener una religión nacional, el no tener un laicismo nacional, porque la religión está entrando en franco periodo de descomposición y va a ser sustituida, poco a poco, por la ciencia. Era la época, Sr. ministro, prediluviana, la época de la ciencia sin Dios, de la política sin Dios, de la pedagogía sin Dios. Y hoy, sabe S.S. que la política, que la pedagogía, que la ciencia siguen corrientes diametralmente opuestas".

Continúa el discurso el Sr. Pildain (l933): "La ciencia conduce inevitablemente a Dios. Sin religión no puede existir la vida cultural, no puede existir la vida política, la vida civilizada, acaban de escribir respectivamente uno de los más célebres biólogos alemanes, Reinke, y el ministro de Instrucción Pública de Inglaterra.

Concuerdan estas afirmaciones con las del presidente de los Estados Unidos en la época de su mayor esplendor y con el mensaje que dirigieron al mundo civilizado los jefes de Gobierno de todos los Estados que integran el gran imperio británico. En este mensaje aseguraban que está demostrado por la experiencia de la guerra y por los ensayos que después de la guerra se han hecho que ni la diplomacia, ni la escuela, ni la educación, ni la instrucción, ni la prosperidad comercial e industrial, ni las fuerzas militares, ni nada, puede ser sólido cimiento para que se desarrolle plenamente la vida civilizada contemporánea; que todos esos no son más que instrumentos del espíritu humano, que necesita absolutamente, como de sólido fundamento, de la fe en Dios como Padre, sin la que no puede existir la fraternidad humana. Termino, Sres. Diputados con esta cita del gran sociólogo y pedagogo Benjamín Kidd: Los hombres del porvenir no acertarán a comprender que hombres de principios del siglo XX hayan podido guardar con la religión esa actitud de no estudiarla en sus escuelas, de no estudiarla en sus centros universitarios, siendo así que constituye el problema capital de la Historia".

Con mayor claridad y firmeza no se puede expresar nuestro sustituto D. Antonio Pildain.

* Capellán de la clínica San Juan de Dios

 

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