QUE UNA ISLA de algo más de 800.000 habitantes tenga un equipo de fútbol en la mejor Liga del mundo nos tiene que llenar de orgullo. Esa posición de privilegio deportivo hay que mantenerla, cueste lo que cueste. El C.D. Tenerife es un equipo modesto, pero para nosotros debe ser lo mismo que el F.C. Barcelona para los catalanes: algo más que un club.
De hecho ya lo es, porque las instituciones se han volcado con la sociedad blanquiazul, cuyo equipo consiguió el domingo el primer triunfo. Pero, a la vista del partido, con un rival diezmado por las expulsiones y muy poco solvente, al Tenerife le faltó ambición. Rematar al contrario más contundentemente. Apartarlo del peligro de un gol average favorable al final de la competición. Un 2-1 es un resultado pobre, teniendo en cuenta que el otro equipo era el Osasuna y con nueve jugadores.
Esa isleña timidez nos condiciona. Aunque los futbolistas que integran la primera plantilla sean muchos de ellos de fuera, la timidez se contagia y se hereda. Es preciso ser muy ambiciosos no sólo para no bajar, sino para aspirar a algo más. Javier Pérez creyó en ello y creó un equipo que acabó quinto en la Liga y jugó la Copa de la UEFA. Logremos de nuevo esto, por el bien de Tenerife, por la dignidad de la isla y por la tranquilidad de la afición.
La primera jornada también fue un fracaso de público. 16.000 espectadores no son muchos. Es preciso llenar el estadio, crear más afición, confiar en la plantilla profesional, animarla, conseguir que el Tenerife sea de todos. Sabemos que esa es también misión de los medios de comunicación, volcados con el club y con el equipo. Porque a todos nos interesa que el prestigio deportivo de la isla se mantenga y se acreciente. Y que disfrutemos de muchos equipos en las categorías superiores. Y que nuestras gestas deportivas sorprendan. Y que los nombres de Tenerife y de Canarias lleguen muy lejos, porque ello redundará en el conocimiento que sobre nosotros tenga el mundo y en nuestra economía, tan depauperada en estos momentos.
Mas es fundamental la ambición. Que el Tenerife no se deje sorprender, ni ante el grande ni ante el chico. Creerse para siempre que somos un club de Primera y que hay que jugar como el equipo sabe, que sabe mucho. Y no salir a empatar o a perder por la mínima, sino siempre a ganar. Recuperar la estirpe, hacer patria con el fútbol, utilizar las armas de la Liga para llevar la idea de Canarias lo más lejos posible. Ser, en suma, algo más que un club, lo cual define perfectamente la esencia de un equipo y de una gesta deportiva, en cualquier ámbito. El Tete debe seguir ahí arriba, encaramado en la tabla clasificatoria y con voluntad firme de no abandonar su posición.
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