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VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.
Conclusiones después de un partido ganado con tanta claridad: el Tenerife va a competir de igual a igual al menos con la mitad de equipos de Primera División. Es más, dejará el sello de su estilo, con el que va a llamar la atención.
La tensión del estreno le pesó al equipo durante 20 minutos, los primeros, en los que Osasuna tuvo el control y manejó el juego, pero los navarros se fueron diluyendo, tal vez por el tórrido calor que hacía en el estadio, y el Tenerife empezó a encontrar su fútbol. Camino del descanso aparecieron ya sus señas de identidad: Ricardo en la toma de decisiones, con autoridad y acierto, Kome acercándose siempre por todo el frente de ataque al poseedor de la pelota tratando de desequilibrar, un inagotable Marc Bertrán ya de continuo aprovechando el espacio que descubría Alfaro desde su teórica posición de extremo derecho, Nino olfateando por el área... O sea, el mismo Tenerife de la pasada temporada, más descomprimido que en los primeros minutos, en los que estaba muy precipitado, en buena medida porque la naturaleza de juego de Román Martínez afecta un poco al ritmo colectivo. El año pasado Richi, en esa posición, era el amigo de todos, el hombre de los apoyos cortos, el jugador de la pausa, la garantía en el pase; este año Román pone lo contrario, empieza de medio centro pero no se queda nunca, siempre tira hacia la media punta, es un futbolista vertical, más directo, tiene un fútbol agresivo, ofensivo, se asocia para hacer paredes con cualquiera con la intención de romper, cambia bien de frente, pisa el área... Su dinámica acelera al equipo y eso a veces tiene su lado malo. Al Tenerife le costó centrarse, porque este equipo gana confianza a base de sentirse seguro en el toque. Luego, con el paso de los minutos, ya llegó mucho por la derecha, aunque los centros de Marc no fueron siempre tan buenos como su insistencia... Todo, por cierto, en el contexto de un partido intenso, pero cerrado, propicio más para que alguien aprovechara un error que para esperar ocasiones generadas de otra manera. Precisamente uno mayúsculo, una conducción con pérdida de balón del propio Bertrán, provocó la ocasión más clara, pero a Camuñas le falló el control ante Sergio (28'). El Tenerife ya mandaba con claridad, ocupando el campo de Osasuna y madurando el gol, aunque frente a su mejor ocasión, cuando Alfaro llegó justo a una dejada de Richi y la tiró por encima del larguero (31'), el rival respondió con la suya, por medio de Nekounam (32'), que cabeceó solo por fuera en el área pequeña.
Por la vía rápida .- No era difícil al descanso adivinar los trazos con los que se iba a dibujar la segunda parte, aunque el guión del partido deparó circunstancias que les allanaron el camino a los locales. De salida, Monreal vio la roja y en la misma acción, una maravilla de ejecución estratégica de la falta dejó a Nino ante el portero para marcar el 1-0. La situación pareció tan favorable que el equipo se aflojó en los minutos siguientes. Toda la magia en la acción de Ricardo en la falta se convirtió en miseria defensiva para permitir que Pandiani rematara el empate en el primer palo cabeceando un córner muy simple que sacó Puñal a la corta. Todo el esfuerzo que costó hacer diana se cayó por una desatención defensiva.
Camacho, que aguantó a Camuñas de lateral mientras calentaba Calleja, reordenó a su equipo para intentar aguantar el empate, pero el Tenerife fue empujándolo hacia su área a base de sacar efectivos de atrás y aprovechar la superioridad numérica para llenar la zona de ataque de gente con la que tocar cerca del área. En una de estas, Kome dejó en corto a Ricardo, nadie de la zaga rojilla salió a achicarle y el cerebro del equipo soltó un latigazo de los suyos que se coló por la escuadra. Maravilloso gol que ponía las cosas en su sitio. El mando del Tenerife en el campo fue creciendo. Richi y Alfaro tuvieron la posibilidad de hacer mayor la diferencia antes de que Nekounam se ganara una tarjeta roja tan justa como innecesaria. Con nueve hombres en el Osasuna, Oltra metió en el campo a Mikel Alonso, adelantó a Román y retiró de escena a Richi. Camacho dejó solo arriba a Walter Pandiani y dibujó un 4-3-1.
No sentenció.- Al partido ya sólo le quedan por resolver la duda de si el Tenerife iba a ser capaz de sentenciar o si llegaría a los minutos finales corriendo el innecesario riesgo de que le sorprendieran a balón parado, en alguno de los córners que cedió de manera evitable. Tuvo un buen puñado de ocasiones para batir a Ricardo, la más clara de Román, que salió a un dedo del palo, antes de que Omar fallase a puerta vacía lo que podía haber sido su consagración ante la gente, que le recibió con una cariñosa ovación y volvió a comprobar ayer que estamos ante un jugador de velocidad y regate endiablados. Las contras entre Alfaro, Nino y Omar, y antes Kome, se sucedieron, pero nadie acabó aprovechando tanto espacio y tamañas facilidades, a veces por entregar mal el último pase y otras por elegir una opción equivocada, de manera que el equipo se condenó a si mismo a soportar la incertidumbre hasta el pitido final del árbitro, que, por cierto, empezó mal y acabó peor.
Es verdad que las dos expulsiones desvirtúan el tramo final del encuentro, pero no se puede obviar que el Tenerife ya era mejor en el once contra once y que mereció esta victoria, en cuya elaboración ha alimentado su autoestima. Su fútbol es de Primera División.
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