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Manuel Bello: "Alfredo Kraus era un hombre que rayaba la perfección"

El que fuera gran amigo y ayudante del insigne cantante canario, fallecido hace ahora diez años, recuerda al "tenor de tenores", al que festivales e instituciones de todo el mundo rinden homenaje con galas, conciertos y actos institucionales.
13/sep/09 04:41
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JOSÉ A. DULCE, S/C de Tfe.

Si hay alguien en Tenerife que conoce bien a Alfredo Kraus es Manuel Bello, compañero de armas musicales del célebre tenor canario al que el mundo de la música recuerda en el décimo aniversario de su muerte, acaecida el 10 de septiembre de 1999.

Vinculado desde sus inicios a la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Ópera, de la que también forma parte su hermano Alberto, el que fuera gran amigo de Kraus desvela aspectos poco conocidos de su personalidad, más sencilla y menos altiva de lo que muchos suponen.

"Fuimos amigos durante muchos años y tuve el honor de cantar con él tanto aquí, en el Festival de Ópera, como en Las Palmas, en los espectáculos organizados por Sergio Calvo en el estadio insular, donde hicimos obras como Rigoletto,Lucia de Lammermoor, Doña Francisquita o Marina", recuerda Manuel Bello, quien compartió profesora con Kraus (Mercedes Llopart) y coincidió varias veces en Italia con el tenor grancanario, del que recibió algunas enseñanzas.

"Era un hombre muy preocupado por la pedagogía -recuerda-; cuando venía por la Isla me escuchaba y me decía: Esa vocal la tienes que mejorar. Profesaba un gran respeto por el canto".

Kraus era periódicamente invitado a la casa de los Bello en Guamasa, como después lo fue en la del letrado Domingo Luis Rodríguez, en La Laguna. En la primera se le agasajaba, "lo cual era un honor para nosotros", recuerda Manuel Bello, quien sin embargo ofrece un dato revelador acerca de cómo Kraus se desenvolvía en esas ocasiones. "Le gustaba estar entre amigos, en familia; sencillote como era, venía a él a saludarte si lo estimaba oportuno, pero luego se iba diluyendo pues no quería alardear ni ser el centro de la reuniones".

Que la relación de Kraus con Manuel Bello fue muy estrecha lo demuestra el hecho de que, en Italia, hizo de improvisado "canguro" de sus hijos mayores. En aquella oportunidad el cantante tenía un compromiso artístico en las proximidades de Milán y Bello cuidó de los pequeños Rosa María y Alfredo en ausencia de sus padres.

Por aquel entonces, en torno a 1960, Alfredo Kraus ya era una figura internacional. Pero, como apunta su amigo tinerfeño, "era más conocido fuera de España que aquí. Fue el estreno de Gayarre (película en la que Kraus interpretaba al tenor navarro) la que le dio proyección a escala nacional y el nombre de Kraus empezó a asociarse a los de Caruso o Mario Lanza como sinónimo de virtuosismo vocal".

Al hilo del filme sobre Julián Gayarre, Bello recuerda que su amistad con Kraus surgió gracias al hermano de éste, Francisco Kraus, quien vino a la Isla a hacer un concierto con la cantante que interpretaba a Adelina Patti en la película, la soprano navarra Lina Huarte, a la sazón esposa de Esteban Astarloa y madre del secretario de Justicia del PP, Ignacio Astarloa. "Querían incluir a un elemento local en la velada, así que me convocaron en el Hotel Mencey, donde ensayamos con el pianista Julio Ramos", recuerda Bello, quien de este modo inició una relación de confianza que duraría décadas.

El más grande

La experiencia común de Bello y Kraus está recorrida por numerosas anécdotas. Una de ellas tuvo lugar en Las Palmas. "Representamos una Marina en la que él hacia de Jorge, y yo de Pascual. Cuando salí a escena recibí una ovación tremenda. Evidentemente, el público me había confundido con Kraus, al que en el estadio se saludaba como el canario más ilustre del Archipiélago. Cuando Alfredo vino hacia mí, me espetó: En tu puñetera vida tendrás una ovación como esa".

En el testimonio de Manuel Bello conviven el artista exigente y el hombre común. Kraus era ambas cosas, el cantante exquisito consagrado a su arte y el paisano que gustaba de ir a la playa a comer pescado, el intérprete extremadamente seguro de sí y el viajero que tomaba barcos para venir a Tenerife por fobia a los aviones.

Esta dualidad se resolvía a favor del artista cuando Kraus se subía a un escenario. Para Manuel Bello, que conoció al tenor en todas sus facetas, éste "era un hombre que rayaba la perfección. Para muchos de nosotros, aficionados a la lírica, él ha sido el non plus ultra. Cuando llegan los fines de semana, rara es la vez que no escucho algunas de las muchas grabaciones que de él conservo, registros como Lucia de Lammermoor, la hija del regimiento o Don Pasquale, algunas de cuyas arias, por él interpretadas, son auténticas lecciones de canto".

Como es sabido, la feroz autoexigencia de Kraus se trasladó a su repertorio, reducido a las obras y papeles esenciales. En opinión de Bello, "Alfredo hizo una carrera prolongada porque cantó sólo lo que era adecuado para su voz. Tras debutar en El Cairo con Rigoletto y Tosca, recibió una invitación de teatro San Carlos de Lisboa para hacer de nuevo la ópera de Puccini. Rehusó hacer de nuevo Tosca, porque en El Cairo se había cansado durante la representación y pensaba que no era buena para él".

El extremo cuidado de su voz fue uno de sus caballos de batalla. A propósito, Bello evoca otra anécdota: "Tras una de nuestras actuaciones en el estadio insular, atravesamos el campo y nos encontramos con Francisco Quevedo, quien alabó la voz de Kraus, que en su opinión se había tornado más grande y oscura". "Tú bromeas", replicó Kraus, "no quiero tener la más voz más grande ni más oscura porque, si así fuera, en vez de cantar durante cincuenta años cantaría sólo la mitad".

"En el terreno vocal siempre decía que no se puede dar un paso más largo que la pierna", agrega.

Un festival dentro de otro

Grancanario de cuna, Alfredo Kraus mantuvo a lo largo de los años una fluida relación con Tenerife. De la Universidad de La Laguna recibió el título de Doctor Honoris Causa y en esta misma ciudad una calle lleva su nombre frente al estadio de La Manzanilla.

Durante muchos años, Alfredo Kraus fue invitado asiduo al Festival de Ópera de Tenerife, tanto es así que tuvo su propio "festival dentro del festival". Bello, ayudante personal del añorado tenor en tantas representaciones y conciertos, recuerda muchas de sus interpretaciones en obras señeras del repertorio lírico como "Rigoletto", "La Traviata" (que había cantado en 1958 en Lisboa junto a la llorada Maria Callas), "Los cuentos de Hoffmann", "Romeo y Julieta", "La favorita" o "Werther".

El festival tinerfeño lo recordará en las próximas fechas con una conferencia que impartirá el crítico Arturo Reverter en el Auditorio de Tenerife. "Está bien una conferencia, porque Reverter estudió Canto y es un gran admirador de Kraus, además de buen conocedor de sus carrera, pero nos gustaría hacer una gala lírica de homenaje con la participación de Celso Albelo, que ahora mismo tiene sus fechas comprometidas. Es nuestra idea y entendemos que él debería estar".

Manuel Bello no vacila en señalar a Albelo como el sucesor de Kraus, "no sólo porque su repertorio se asemeja, sino porque las condiciones vocales son muy similares". Si el vaticinio se cumple, Canarias podría volver a situar a uno de sus cantantes en la elite mundial de la lírica.

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