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Tetris

13/sep/09 04:40
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EL TETRIS tiene el encanto de ser el vicio confesable para los de mediana edad que, compulsivamente, se apoderaban del ladrillo Gameboy, tan pronto como el "boy" (o la "girl" -es tiempo del género-) se rendía al sueño, allá por los noventa. De entonces a recibir recomendaciones para combatir el sobrepeso desde la Wii-Fit, han sido variopintas nuestras relaciones con las consolas. Hoy nada es comparable con la experiencia de abandonar la colina (o el prado, el valle o lo que quiera que fuera) que se nos brinda como salvapantallas (¿qué querrá decir salvapantallas?), y sustituirla por la catarata de un Tetris.

El videojuego de puzzle, de origen ruso, permite comprender innumerables cosas de la vida: si es que la vida es lo que cuentan que sucede. El incesante descenso de sus tetra-piezas de colores se incardina estos días con los recordatorios del 11-S; y también con la feliz conmemoración del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, ciudad merecedora del Príncipe de Asturias a la Concordia. Con cierta pericia todo encaja, lo parece... finalmente algo llega y se desmorona. Así sucedió con el asesinato del fotógrafo Christian Poveda, a manos de los protagonistas de su historia filmada sobre la Mara 18 salvadoreña: "La vida loca".

Igual da el número de líneas logradas, sobre el Tetris -y sobre los insostenibles del acontecer- persiste la duda sobre si tendrán fin (¿se sabe de alguien que ganó a la máquina?). Igual dan las afirmaciones que se transmitan en las tertulias, formadas casi siempre también por cuatro: se mantendrá la contradictoria sensación sobre las causas para que los jóvenes asaltaran la comisaría en Pozuelo; o sobre los asesinatos de jóvenes por sus machistas parejas. Las discusiones por los porqués, por la impunidad, se diseminan, como las voces, en la caída en tropel de unas líneas llenas de huecos, con lagunas.

En esos instantes previos a aceptar la segura pérdida en el juego, desciende una tetra-figura cuasialada, incómoda, que se precipita sin cabida... cuánto recuerda su baile al de los brazos de este desmejorado Zapatero de septiembre, en su sobrevuelo desde el atril parlamentario y a su desencajada subida de impuestos.

La prolongada actividad tetris puede llevar a una eficiente actividad cerebral. Pero el juego puede provocar repetitivos síntomas de estrés en el cerebro que, involuntariamente, figura combinaciones de tetris, se esté jugando o no, según los especialistas. Puede que sea eso lo que pase con lo que sucede; o con la masa gris de quienes nos lo cuentan. ¿Qué querrá decir salvapantallas? Porque, por una generación tan viciada, no cuadra la vena paisajística que concede Microsoft. Probaremos con el Comecocos.

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