R ESULTA al menos sorprendente, por no decir contradictorio, que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, disponga de una personalidad múltiple, adaptable, eso sí, a las condiciones que en cada momento le toque vivir. No se despeina si tiene que abrazar la revolución socialista en su país o en sus frecuentes visitas a Cuba, Ecuador o Bolivia; estrecha las manos del islam más ortodoxo en Irán, o simplemente se pasea cual figura del celuloide por la alfombra roja de Venecia, ataviado con todo el glamour de las estrellas de los medios de comunicación. Algo realmente curioso, porque mientras en su país, de puertas adentro cierra medios de comunicación que le resultan hostiles, en el exterior derrocha simpatía y hasta cuenta chistes, aunque en realidad, y le pese a quien le pese, no deja de ser un coronel -en su momento golpista- venido a más. Mi madre diría: "Candil de calle, oscuridad de casa".
A Chávez le queda grande un país inmensamente rico como Venezuela. Un territorio del que ha tenido que huir la clase media, o, en el peor de los casos, bajar de escalón social, simplemente porque en nuestra querida Octava Isla sólo existen los inmensamente ricos, cuyos capitales no están ya en ese país, y los paupérrimos de los ranchitos, pobres de solemnidad que buscan el amparo social en el programa de televisión "¡Aló, presidente!", para conseguir una nevera o un televisor. El populismo en estado puro.
Pero no nos despistemos, porque Chávez existe porque existe un imperialismo estadounidense salvaje y con intenciones homogeneizadoras, caldo de cultivo para estos reyezuelos que ofertan -porque tienen petróleo- una revolución que, de entrada, sólo tiene luz y taquígrafos propios. Al final, lo que está claro es que a Chávez lo ha elegido el pueblo, y lo terrible es darse cuenta de que ha llegado a donde está por la manada de ladrones que antes gobernaron el llamado paraíso en la tierra: Venezuela. Si no existiera Hugo Chávez, probablemente el país inventaría otro nombre para cargarlo de esperanza, aunque al final él mismo acabe con los sueños de todos los venezolanos.
(*) Redactor jefe de EL DÍA
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