Te quiero, porque no te quieren
Yo sé que nunca el olvido,
por ti habrá su tumba abierta,
pues de mi ser el impulso,
tú serás memoria eterna.
Callarán avergonzados, si no mueren...
aquellos que del desierto,
aplausos por mí tuvieran,
queriendo Dios que no funestos.
En la hora que marca el silencio,
con un sol que rasga las piedras,
yo siempre bendigo el fluir de los días,
de las horas que reposo en mi lecho.
De la calle a mi hogar, de regreso,
lanzando del fondo del alma el anhelo,
con sonrisas y lágrimas esparcidas al viento,
en la soledad de mi vida venero.
Hoy vi al despertar el oro ardiente,
todo el sol sonreía en mi ventana,
y los chorros de luz de la mañana,
inundaban mi alcoba reluciente.
Yo sólo siento en esta hora,
los mil tesoros que Dios me dio:
la tierra, el cielo, la luz, el mar...
Intensamente, lo que mi espíritu adora.
La que todo tiene, ya nada implora,
sólo cariño y amor de verdad,
quererte a ti, porque no te quieren:
¿qué más puedo ahora desear?
Luz-Marina González Núñez
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