LO QUE HAGO en esta columna, cada día, es un artículo de libre opinión. Como tal, arranco, conduzco y aparco donde estimo conveniente y puedo, porque no se trata de ofrecer noticias más o menos trabajadas, que de eso ya se ocupan los excelentes compañeros de los medios, sino de reflexionar en alto sobre un hilo de razonamiento propio.
Y con el título que elegí para este artículo, empiezo hablando de D. Valentino Rossi (Urbino, 16 de febrero de 1979). Toma castaña. Qué grande es este deportista italiano, capaz de ponerse orejas de burro para subir al podio en su triunfo conseguido en su casa de Mugello -30 km al norte de Florencia- pidiendo perdón por su grave error al caerse de la moto en la carrera anterior. Qué grande al aplaudir a sus escoltas en la gloria, D. Jorge Lorenzo y D. Dani Pedrosa. Nada más acabar la carrera, el italiano se refirió a los silbidos que recibió su compañero de equipo durante toda la carrera: "No es bonito cuando esto pasa. Había muchos fans míos y les he pedido que le aplaudiesen, también porque a mí siempre me aplauden en España. En este caso, los españoles han sido más señores que los italianos. Con Lorenzo tengo una buena relación, aunque, lógicamente, somos los peores enemigos en la pista", declaró el ídolo transalpino que ha ganado nada menos que ocho títulos universales en las cuatro diferentes categorías del Mundial de Motociclismo (125 c.c., 250 c.c., 500 c.c. y MotoGP de 990 c.c. y 800 c.c.). Conocido por los apodos que se ha dado a sí mismo en diferentes momentos de su carrera profesional ("The Doctor" (El Doctor) o "Valentinik" y "Rossifumi"), es considerado por muchos como el mejor piloto de la historia del motociclismo.
Pues igual. La Romería de Arafo, como la de El Socorro y tantas otras, como todas las del Valle, como las del indomable Norte, como las del bonito Sur o como las de toditas las islas hermanas y las capitales, son las verdaderas campeonas de la tradición, unión y fraternidad entre los habitantes y amigos de estos siete u ocho islotes o territorios queridos. Una juventud sana en el 99%, del completo de edades se afana por cantar, bailar, pasarlo bien, divertirse y compartir públicamente respetando al prójimo en unas calles en este caso empitonadas de cuestas y complicadas de remontar con esos carros, carretas y animales.
En la Romería de Arafo usted no verá fuera de su ubicación institucional ni una sola bandera (de esas cutres) que algunos políticos se empeñan en abarrotar por los altos o los fondos de las acumulaciones urbanas centrales o de las carreteras de acceso, en trapos comprados al mayor en una especie de espaguetis que a veces contienen aberraciones como colocar la bandera canaria con las rayas en horizontal o la bandera española con las rayas en vertical, y que se exponen sin ningún criterio en un acto fuera de contexto, sin ninguna imaginación, en algo que parece sacado de los deseos de artificiales de hacer méritos de los responsables de fiestas. Oiga, ¿qué necesidad?
No se trata de un mayor o menor apego con unos u otros estandartes, para eso se supone que hay una democracia, pero un trayecto con un poco de imaginación y bien decorado de cordones, alegorías festivas, timples y guitarras, baldones con los colores del pueblo y un sinfín de exposiciones con posibilidades festivas parece lo más apropiado para recoger a una masa de gente que lo que desea fervientemente es compartir y pasarlo bien. ¿Quién quiere imponer de manera estéticamente horrorosa y barata, para salir del paso, colores hasta en las celebraciones religiosas y hasta en la sopa, cuando cada una de las personas que concurren a las fiestas vecinales tiene el derecho a palpitar como quiera? ¿No estaremos haciendo lo que en Euskadi, pero al revés?
Las fiestas son las fiestas, "maifrén", un vaso vino, un trozo de queso, un pedacito cochino adobado? los amigos, la familia, los colegas, las pibitas? y cada uno es cada uno, que tampoco es el lugar, que lleve el estandarte o signo que desee, todos juntos y sin plantaciones, que en otros lugares es donde se debaten en ese ejercicio llamado democracia.
Sin comparar, la bandera de Valentino es amarilla con "The Doctor". Teniendo legión de seguidores en las Islas, no es la de todos los aficionados al motor.
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