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LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

Mi sustituto (II)

9/sep/09 07:33
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NOS ENCONTRAMOS allá en los años 1931-1933. El tiempo en que D. Antonio Pildain, además de ser ya canónigo lectoral de la catedral de Vitoria, era diputado en las Cortes Constituyentes de la II República española, como representante de la minoría vasco-navarra.

Ya entonces, y un siglo antes, la libertad religiosa cristiana, el derecho a la vida y la familia eran valores fundamentales que requerían su defensa constitucionalmente, en cuya demanda nuestros políticos -entonces como ahora- no acertaron. A mayor número de leyes impuestas, más se apartaban de verdaderas soluciones sociales, políticas y religiosas. Es la gran lección que nos deja el sustituto de este espacio:

El Sr. Pildain, contestando al ministro de Justicia, Sr. Albornoz (sesión 10-II-l933), citó a Jaurés, dirigente socialista, quien escribió en 1892 "Siendo partidario de la enseñanza laica y llevándola arraigada en las fibras más íntimas de mi corazón, quiero que se llega a ella por medio de la persuasión, pero en manera alguna suprimiendo a los que están en frente a las instituciones religiosas, y negándoles el derecho a la enseñanza, porque eso sería llegar a la enseñanza laica por medio de la opresión y la tiranía, que jamás compartiré".

Otro autor francés (Guy-Gran) escribe sobre el mismo tema: "A pesar de ser partidario entusiasta del laicismo, se está quedando Francia absolutamente sola, y ello explica el asombro, la incomprensión, la provocación de indignación o de tristeza que manifiestan entre ellas las otras naciones que no comparten su laicismo. El anatema más o menos insistente que cae sobre el "ateo" en las campiñas francesas, Francia lo siente sobre sus espaldas en el concierto de las naciones modernas (?)".

Sesión (l-III-19339). Sr. Pildain. Señor ministro de Justicia: "Ved el traje que visto y poneos en mi lugar. ¿Sabéis cuál suele ser una de mis penas mayores cuando yo considero el cargo de diputado que ejerzo, siendo sacerdote? Pues yo me digo, cuando contemplo las condiciones de elocuencia de compañeros de esta Cámara: si estos compañeros tuviesen la dicha de ser sacerdotes, como yo, si algunos de éstos fuesen ministros de la Iglesia como yo, y la conociesen como yo, ¡con qué elocuencia sabrían defenderla! Y me avergüenzo, Sres. diputados, de no poder defenderla yo con la elocuencia con que muchos de vosotros defenderíais si os encontraseis en mi caso".

El Sr. Pildain reconoce la sinceridad del gran tribuno republicano B. Emilio Castelar: "Reconozco sus palabras, en donde nos describe la situación del mundo en los instantes en que la Iglesia luchaba ella sola contra la barbarie de gobernantes y de los gobernados: ¿Por qué proclamar ahora, señores diputados, la libertad de enseñanza, proclamar ahora, tremolar victoriosa la bandera de la libertad de cultura y enseñanza cristiana, la fraternidad humana? Proclamar ahora la igualdad entre los ciudadanos es fácil, porque es lo que está en el ambiente, y se necesita tener pecho de héroe para afrontar la corriente en contra. Lo difícil será oponerse y proclamar esa igualdad, esa fraternidad y esa libertad de enseñanza cuando la Iglesia luchaba sola, recién salida de las catacumbas, frente al poderío de incultura de Juliano, para después vencerle, haciendo tremolar victoriosa la bandera de la libertad de cultura y de enseñanza, hacerla también ondear triunfante frente a las hordas más enemigas de la cultura que jamás conociera Europa".

Esto sí es conocer la historia y valorarla entre nuestros políticos de entonces.

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios

 

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