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V. MARTÍN, El Paso
Abajo vive bien, en el pueblo, cerca de su gente, cuidando del casco urbano, pero arriba tiene su casa y es, seguro, donde mejor se encuentra. La Virgen del Pino, la adorada por El Paso, regresó a su ermita tras sentir el calor de los fieles, de aquellos que en 2012, como cada tres años, esperan reencontrarse de nuevo con la venerada imagen a las puertas de sus casas.
El ascenso es muy diferente a la romería de bajada. Es una procesión. Un acto religioso, al fin y al cabo, al que asistieron unos dos mil cristianos. Primero, la santa misa. En la iglesia de Nuestra Señora de Bonanza. Mucha gente se mete dentro del templo y otros, muchos, jóvenes y mayores, deciden esperar en la plaza a que salga la Virgen. Es temprano, las seis de la mañana. Una hora después, comienza la subida.
Son casi cinco kilómetros de ascenso. Todavía queda el recuerdo de las carrozas, de la música, de la fiesta de aquel día de la majestuosa bajada. Era agosto y ahora acaban las fiestas. Una cosa no cambia, nunca lo hace, el amor por la Virgen.
En pendiente.- Al principio, un largo tramo en pendiente. Es casi de noche. No se ve bien. La imagen sube a hombros de sus fieles. Un poco unos, luego otros. En el recorrido, que entremezcla subidas con rellanos, se establecen, no podía ser de otra manera, una serie de descansos, lugares para tomar algo de oxígeno y, también, para agradecer a Nuestra Señora del Pino con cánticos y aplausos su presencia por aquellas calles.
La procesión se realiza, en su comienzo, por un camino rodeado de viviendas, "ataviadas", la mayoría, para la ocasión. Son casas casi asomadas a la naturaleza, pero todavía pegadas al asfalto. No todos los fieles ascienden desde la iglesia. Muchos no pueden, el camino es exigente, pero nadie desaprovecha la oportunidad para asomarse a la ventana de su hogar, se acercan a la vía, para ver de cerca, incluso tocar, a la venerada imagen. Hay aplausos, gestos de reconocimiento... Después de dos horas, seguramente algo más, la Virgen llega a la zona de árboles. Había salido el sol. Ya no se ven casi viviendas; sólo algunas típicas del mundo rural. Seguramente, quizás, Ella también sienta que está cerca de su casa.
Melancolía.- Todavía queda cuesta por subir. Tras cruzar el barranco, abajo, donde algunos se unen a la procesión para participar en el último tramo, aún falta un repecho considerable para llegar a la ermita.
Es el trayecto donde se entremezcla la satisfacción por llegar con la sensación de que otra fiesta se acaba. Algunos, los que saben de este acto, los que llevan años viviéndolo, recuerdan, para dentro, a los que en 2006 fueron compañeros de viaje y ahora, tres años después, ya no están. Sí, es un tramo, también, para la melancolía.
Al fin, la Virgen del Pino llega hasta el final del trayecto. Son las diez de la mañana. Es el lugar donde la tradición, tal vez sea leyenda o quizás todo real, dice que en las postrimerías del siglo XV algunos soldados de Alonso de Lugo decidieron subirse a un árbol, al grande que hoy cobija al templo, y cuál no sería su sorpresa al encontrar en medio de las ramas una estatua de la Virgen. No es la misma talla que la actual, pero esa es otra historia...
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