V.MARTÍN, S/C de La Palma
Son fuertes, pero no lo sabían. Tienen capacidades, pero necesitaban confianza. Les habían dicho, incluso, que no podían, que no sabían, que no valían, y después de tantas veces oírlo, llegaron casi a creerlo. Aquello ya es historia. Suena a viejo. Ahora miran de frente, no esquivan la mirada y saben, lo tienen claro, que lo importante de la vida crece y anida en el interior.
Son mujeres que un día se acercaron, quizás con recelo, a un proyecto. A una idea que cumple su segunda edición. A Clara. A una iniciativa de Cáritas, con todas las instituciones a la espalda, capaz de marcar vidas. No son muchas. No es un grupo mayoritario. Algunas, incluso, arrojaron la toalla tras comprobar que no se regala nada sin esfuerzo, sin adaptarse a las exigencias. Acabaron 15, las justas para primero crecer como personas, para recuperar la autoestima, para relacionarse y luego, con la mente fuerte, recibir una formación sólida y necesaria en las áreas sociosanitaria, administrativa, hostelería y turismo para buscar un trabajo. Para, al fin y al cabo, retomar las riendas de sus destinos.
No es una utopia. No es de aquellos proyectos majestuosos que nacen con mensajes atrayentes para morir sin atender a objetivos. Al contrario, de las quince alumnas ya 13 tienen un puesto de trabajo. Y a las otras dos, se les busca. No se las olvida. Todas llegaron a Clara con algo en común, verse envueltas en circunstancias especiales, algunas se encuentran incluso solas con sus hijos y no cuentan con una red social de apoyo, y se espera que más antes que después todas tengan otra cosa que las una, un trabajo.
Formarse. Las rectoras del proyecto no centraron su trabajo, de todo un año, sólo en aspectos psicológicos o de formación exclusiva para el puesto laboral a desempeñar. Dieron un paso más. Tensaron la "cuerda" y les salió bien. Las alumnas se relacionaron con la cultura, con el deporte, con la gastronomía... abrieron su campo de actuación para entender que detrás de su barrio, de su círculo, incluso de la puerta imaginaria que encerraba sus vidas, también hay muchas cosas de las que aprender y a las que aportar.
Tras doce meses de aprendizaje, las alumnas alzaron su voz. Fueron protagonistas para expresar sentimientos. Fue en el acto de entrega de diplomas y obsequios por el esfuerzo, con la presencia del director de Cáritas en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Leonardo Ruiz del Castillo; la directora del Instituto Canario de la Mujer, Isabel de Luis; la consejera de Asuntos Sociales y Sanidad del Cabildo Insular, Maeve Sanjuán, y el director de la Administración General del Estado en la Isla, Alejandro Brito, además de diferentes autoridades locales y responsables médicos que siguieron el transcurrir del evento en el salón de actos de CajaCanarias en la avenida del Puente de Santa Cruz de La Palma.
Las alumnas.- Rosa se subió al atril nerviosa. Con tono entrecortado. Pero con la idea fija de demostrar que ahora era un poco más feliz. La sala enmudeció cuando recordó su primer día. La entrada en el aula. Las presentaciones y, sobre todo, "un jarrón con flores. Al salir, cada una nos llevamos una flor". Pasaron los días y poco a poco "fuimos superándonos y confiando en nosotras mismas".
Entrelazó recuerdos de aquel año, vivencias: "Llegó la navidad, todo era alegría y felicidad. La decoración del árbol, los deseos, las canciones, los regalos... deseos que a casi todas se nos han hecho realidad. Luego, el año nuevo, las salidas al teatro, las charlas...". Rosa ya había llegado al corazón de los presentes antes del "como todo empieza, todo acaba. Conseguí mi trabajo, veo mis sueños hechos realidad... Lo que llevas dentro es lo que cuenta. Saber elegir el valor de lo positivo y aceptarte tal y como eres".
Subió Laura. Una madre joven. Destacó la importancia "de contar con una ludoteca" en el espacio donde se celebró el proyecto, lo que les ha permitido "llevar a nuestros hijos y que puedan estar con nosotras. Hemos podido compartir muchas experiencias juntas, como cumpleaños, desayunos, trabajos manuales, aquellos dibujitos de principios de proyecto... recuerdo todos los momentos vivimos aquí y espero compartir muchos más en vuestra compañía". Antes de acabar su discurso, Laura se dirigió a sus compañeras para recordarles que "aunque las camisetas de los deseos de algunas de nosotras no se han podido cumplir en este tiempo, no los dejemos en el olvido. Mujeres valientes, luchemos por poder cumplir nuestros sueños".
Mensaje inalterable.- Hay diferencias en las caras. En los nombres. En la ropa. Pero el mensaje se mantiene inalterable. Melisa reconoció que su estancia en el proyecto Clara "ha sido lo mejor de mi vida. Ha sido inolvidable. El proyecto Clara me abrió una ventana en mi vida y ha sido lo más bonito y grande que he visto. Cáritas me dio la mano para ayudarme a cambio de nada; algo de verdad por y para nosotras".
Todas, desde arriba, buscaron con la mirada un hombro en el que reposar su palabra. Abajo Virginia y Mónica, líderes del proyecto, fueron las referencias. "No hay ninguna mejor que ellas", aclaró Melisa.
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