QUE SE rompa mi mano derecha y mi lengua se pegue al paladar si te olvidara...Tu lejanía será más ostensible cuando huela la tierra recién mojada por la lluvia o se derrame la primera copa de vino de la cosecha sobre mi mesa. Mis pies se inquietan sobre el asfalto discontinuo y distante de la isla, pero mi alma ansía aún más el calor húmedo de la ribera oriental del Mediterráneo, de esa tierra de la primavera, que mana leche y miel y que mantiene su porte vigoroso aún en las primicias del otoño o que no se arredra ante el invierno más frío. "Cuán hermosas son tus carpas, Yaakov, tus moradas, Israel...".
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