EFE, Berlín
Varias decenas de miles de personas, 50.000 según los organizadores y 36.000 según cálculos de la Policía alemana, se manifestaron ayer en Berlín para exigir el fin de la energía nuclear en todo el planeta.
Bajo el lema "Desconectar de verdad", los manifestantes llegados desde toda Alemania marcharon por el centro de la ciudad hasta converger ante la Puerta de Brandeburgo, donde se concentraron unos 300 tractores llegados en su mayoría desde el estado de la Baja Sajonia, en el norte del país.
El ministro federal de Medio Ambiente, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, apoyó la protesta al afirmar que la manifestación es una clara advertencia a los partidos de la Unión -cristianodemócratas (CDU) y socialcristianos bávaros (CSU)- y la canciller alemana, Angela Merkel.
Añadió que el mensaje dirigido a Merkel es claro: "Dejad de una vez de jugar a ser el brazo de la industria atómica" y subrayó que el problema del almacenamiento de los residuos atómicos no puede resolverse "en contra de la población y con mas energía nuclear".
Los participantes en la marcha, que discurrió pacíficamente, llegaron hasta la capital alemana en numerosos trenes extraordinarios y docenas de autobuses fletados para la ocasión por distintas organizaciones ecologistas y antinucleares.
Muchos de ellos portaban banderas con el viejo eslogan de los años 80 "¿Nuclear? No, gracias", a la vez que desplegaron cerca de la estación central y al borde del río Spree una gran pancarta con el texto "Empezamos de nuevo".
Un grupo de activistas marchó, por su parte, con una réplica hinchable de más de dos metros de una planta nuclear y otros llevaban pancartas con textos como "Quitad el enchufe a los consorcios atómicos" o "La energía nuclear al Museo de la Técnica".
En el colorido acto de protesta, que se desarrolló en medio de frecuentes chaparrones de lluvia, pudieron verse grupos de activistas vestidos de verde y amarillo para imitar toneles de residuos nucleares.
Una gran parte de los manifestantes procedían de la Baja Sajonia, donde las autoridades estudian construir en las localidades de Gorleben y Wolfenbüttel depósitos de residuos nucleares.
Al acto de protesta se sumaron también algunos políticos como el vicepresidente del Bundestag, el socialdemócrata Wolfgang Thierse, o los líderes del partido Los Verdes Jürgen Trittin, Claudia Roth y Renate Künast.
Asimismo recibieron el apoyo de la Oficina Federal de Medio Ambiente, cuyo presidente, Jochen Flasbarth, declaró a la prensa que la energía atómica no es una energía sostenible y defendió su abandono.
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