EL DÍA, S/C de Tenerife
Desde que abriera sus puertas a finales del pasado mes de julio, la Fundación Cristino de Vera se erige como un nuevo espacio cultural en La Laguna, que invita al visitante a adentrarse en el peculiar mundo espiritual del artista, con la vocación de ampliar su concepción de museo de autor a otras manifestaciones culturales, a modo de ágora.
Esta iniciativa de CajaCanarias ha permitido recuperar para la ciudad un importante edificio histórico, ubicado en la calle San Agustín, centro del Recinto Patrimonio de la Humanidad de la ciudad, donde se ubican otros edificios catalogados como la Casa Salazar, el Palacio Lercaro, la Casa Montañés y la Casa Linares.
Para la rehabilitación del inmueble se ha contado con un equipo formado por los arquitectos Vicente y Fernando Saavedra Martínez, con una dilatada experiencia en urbanismo y conservación del Patrimonio Histórico en Canarias, y por Juan Pablo Rodríguez Frade, prestigioso restaurador y arquitecto, cuyo estudio ha realizado trabajos para el Museo de la Alhambra en el Palacio de Carlos V en Granada, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, y las nuevas salas del Museo Arqueológico Nacional, entre otros.
El proyecto se vislumbró desde un primer momento como un reto por las grandes posibilidades que presentaba el edificio a pesar de su deterioro, cuya tipología y diversidad espacial se perfilaron como idóneas para convertirlo en sordo telón de fondo para la obra del pintor tinerfeño.
En este sentido, Rodríguez Frade, experto en museología, afirma que "el uso de museo para un edificio de carácter histórico parece a priori sencillo, pero esta percepción resulta contradictoria, porque por un lado hay que mantener los valores del edificio, que son muchos, y en este caso estaba muy protegido, y por otro lado, incorporar unas instalaciones y dispositivos exigentes y complejos para su puesta en marcha y funcionamiento".
El secreto de la intervención al final, añade Frade, "es conseguir el equilibrio y el respeto hacia el contenedor y el respeto hacia las colecciones, también, lo que implica a veces una mayor agresividad".
Diálogo natural
La reconversión del inmueble se ha realizado empleando un diálogo natural, como destaca otro de los artífices de este proyecto de rehabilitación, Vicente Saavedra. "El edificio era una casa dentro del casco urbano de La Laguna, bastante humilde, que siempre tuvo uso de vivienda, y que en el acometimiento de las obras se ha tenido siempre presente el uso de técnicas nuevas sin estridencias, para no romper con la identidad original de la casa". Por ello, "se ha considerado en todo momento, como punto de partida, mantener la estructura original del edificio primitivo como elemento integrador del conjunto, desde una propuesta arquitectónica actual".
En este sentido, Juan Pablo Rodríguez Frade añade que "lo más importante es lo que no se ve". Un argumento que se justifica en que "cuando el visitante entra en este espacio se encuentra con que el tono es natural. Se vislumbra como una labor fácil que no parece haber sufrido una remodelación muy academicista, pero sí que lo es, es lo que pasa a las intervenciones contemporáneas, que hay un diálogo que es muy natural, sin estruendos, de una forma muy matizada y sosegada".
"Hay una labor oculta, detrás de todo esto", añade Frade, "que parece muy normal, pero que es una obra de un proyecto muy desarrollado, con una dirección de obra día tras día, y que oculta muchas instalaciones y estructuras, para conseguir que resulte sencillo lo que no lo es".
Por su parte, Fernando Saavedra, resalta el papel de la luz en este lenguaje natural que se ha querido dotar a la sede de la Fundación Cristino de Vera, y que imprime la sucesión de patios típica de las casas antiguas de La Laguna.
Llama la atención el arquitecto sobre "la gradación luz-sombra que contiene el pasillo construido a modo de calle central, que permite al peatón que transite por la calle San Agustín adivinar prácticamente desde fuera cómo es la casa, invitándole a entrar".
Distribución de salas
Desde un primer momento, el equipo de arquitectos proyectó la distribución de las salas y estancias del inmueble de manera equilibrada a las dimensiones que presentaba esta casona, que requirió modificar tabiquerías, instalaciones y núcleos de comunicación.
La planta baja está concebida como una prolongación de la calle, dotada de transparencias, y permite vincular el museo con la ciudad mediante los patios y la sala de exposiciones temporales.
Fernando Saavedra incide en que se han quitado todas las puertas "para dar sensación de unidad al itinerario de recorrido", y Rodríguez Frade apunta a que, a su vez, "esa sensación y distribución de espacios es determinante a la hora del lenguaje del museo y la segregación temática por salas". En conjunto, se ha tratado de construir un recinto que sirva de soporte neutro al uso museístico y cultural que se quiere dar.
La sala de exposiciones temporales es una sala que puede albergar pintura, escultura e instalaciones, de forma versátil y sin referencias exteriores, al no tener ventanas, lo que permite albergar museografía neutra. "Por su dimensión para una instalación de arte contemporáneo resulta perfecta por la perspectiva que tiene", matiza Rodríguez Frade.
El patio principal se abre a la luz exterior a través de una cubierta traslúcida sobre perfilería metálica ligera, concebido como salón de actos para encuentros literarios y para el debate y la reflexión, con los que cumplir la función de ágora proyectada por CajaCanarias.
En la planta baja también se ubica una zona de gestión administrativa; un patio trasero que conecta con la primera planta a través de la escalera de incendios, acristalada para no perder la temperatura del edificio; el ascensor, ubicado en un antiguo cuarto de aperos anexo al patio, cuyos muros se derruyeron para suprimir las barreras arquitectónicas y permitir la accesibilidad a todas las plantas; y un jardín posterior, como zona de descanso y esparcimiento, muy en sintonía con el paisajismo oriental presente en los planteamientos de Cristino de Vera.
En el jardín se ha salvado parte de la vegetación, como una palmera de gran envergadura que Rodríguez Frade invita a contemplar en contrapunto a la horizontalidad de la casa, pues ofrece al visitante una perspectiva que impresiona. Los hermanos Saavedra destacan, también, entre la vegetación, un cardón traído de Granadilla, municipio en que nació Cristino de Vera, a modo de guiño hacia el pintor y sus orígenes.
Ya en la primera planta, destinada a la colección permanente de la Fundación, el visitante se encuentra con las estancias de mayor presencia y dimensión, en las que el silencio envuelve la sensibilidad de las obras que se encuentran expuestas. Por ello, el resultado del trabajo de este equipo de arquitectos es un espacio con una atmósfera propia que aísla al visitante para poder inmiscuirse en el imaginario de Cristino.
La planta está estructurada por temas y por cronología. Nada más subir la escalera se ubica la sala más importante, con la colección 'Figura', que se valoró mucho si cegarla o no, en base a ampliar sus posibilidades expositivas, pero como recoge una de las principales identidades de la casa se descartó esta opción.
El artesonado de los techos también tuvo que ser reforzado, destacan los arquitectos, añadiéndosele madera nueva hasta alcanzar un acabado muy llamativo, mientras que el suelo de madera de tea que se pudo salvar convive con otra variante de este material para las zonas que hubo que sustituir por su alto grado de deterioro
La sala principal conecta a través de una puerta trazada por las vigas que componían un antiguo armario, con una sala anexa también de pinturas en óleo sobre lienzo que agrupan la serie "Bodegón" y una tercera estancia donde se ubican los "Paisajes". La siguiente sala cuenta con menos luz para no degradar los 'Dibujos', realizados en tinta china sobre papel M. Fabriano. En toda la división los arquitectos han reemplazado los muros originales por paneles que dan un matiz de mayor integración de los espacios.
A continuación está "la capilla", que es la sala que acoge el "Vanitas" de Cristino, su obra más espiritual, mientras que en la última se ha instalado un espacio para la proyección permanente de audiovisuales, ampliaciones fotográficas y objetos especialmente ligados al artista, a modo de recreación del mundo del artista.
En una segunda planta bajo cubierta se encuentra la biblioteca que poco a poco irá completándose con fondos para servir de centro destinado a la investigación, mientras que la planta sótano, acoge el depósito de agua, las bombas de incendios, el foso del ascensor y las instalaciones de aire acondicionado, muy importantes en el mantenimiento de la temperatura y humedad del edificio, que hay que controlar para el buen mantenimiento de la obra que acoge el museo porque "al final es como un hospital, en el que tienes que cuidar los cuadros como si fueran niños", comenta Rodríguez Frade al respecto.
Precisamente el acondicionamiento del sótano se perfiló como una de las fases de mayor complicación y que más esfuerzos requirió de la obra, según los arquitectos.
Detalles museográficos
Rodríguez Frade y los hermanos Saavedra también matizan que detrás de la puesta en marcha de cualquier propuesta expositiva se esconde todo un proyecto museográfico, como se ha implementado también en la Fundación Cristino de Vera.
El orden de las secciones y todo el recorrido por las salas requiere que el visitante tenga relación permanente con el exterior del edificio, de ahí, resaltan los arquitectos, "la importancia de los patios en la percepción de si es de día o de noche, si está o no lloviendo, etcétera, que se aleja del establecimiento de una cámara oscura sin referencias exteriores". El visitante conoce, por tanto, en todo momento, su situación dentro del edificio, y según estudios realizados, esta concepción del espacio hace que los grupos de visitantes acaben escindiéndose en subgrupos de 3 ó 4 personas que se unen para intercambiar impresiones.
Frade destaca en este sentido, que "hay una idea que me parece muy bonita y es que la Fundación Cristino de Vera se ha construido sin necesidad de anuncios exteriores para atraer a la gente sino que lo bonito es que el visitante lo encuentra por el camino. Es un sitio tranquilo en el que te encuentras a gusto, en el que te apetece quedarte más tiempo, cortar con el ritmo frenético que llevamos día a día, y que te permite introducirte, estar tranquilo, darte un paseo y luego salir y seguir con tu vida. Es muy importante el que tenga una vocación de ser descubierto y que no haga falta ningún reclamo".
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