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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Timadores, timos y timados

6/sep/09 01:51
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"QUIERO que mis hijos estudien para que no los engañen". Eso me dijo, hace ya algunos años, un mago de Vilaflor. Podía haber sido un individuo de cualquier otra localidad. Con todos los respetos para quien corresponda, me atrevo a decir que hay más belillos en Santa Cruz o Las Palmas que en muchos pueblos de estas Islas, pero tampoco es cuestión de ponerse ofensivo un domingo por la mañana. En lo que sigue no quiero presuponer nada respecto a la culpabilidad o estupidez de los protagonistas de esta historia. Cada persona no es sólo un mundo, sino todo un universo; un cúmulo de circunstancias -ya lo señaló Ortega- que imponen determinados comportamientos en momentos en los que a menudo se actúa siguiendo patrones subconscientes y no, como sería lógico, un razonamiento equilibrado y sensato.

El caso es que aquel mago de donde fuese no me pareció un hombre bruto. Sin duda carecía de títulos académicos -quizá ni siquiera poseía los estudios elementales-, pero estaba doctorado en la Universidad de la Vida; la auténtica, no esa a la que aluden algunos iletrados cuando toman posesión de un cargo que les viene demasiado ancho. Quiero decir que aquel rústico no necesitaba estudiar para evitar que le metieran la mano en el bolsillo de mala manera y hasta el codo. Parece que hacerlo con determinados urbanitas -gente de ciudad que se considera muy enterada de todo y hasta se ríe de los magos- resulta más fácil.

Viene todo lo anterior a cuenta de la aparición de un "Camacho" vernáculo, que al parecer ha dejado en pelota picada a unos cuantos inversores. Insisto en que no pretendo presuponer nada, pues la información que tengo sobre el asunto procede de lo publicado en la prensa y de algunos datos facilitados por un par de amigos que se mueven en el sector bancario. Además, el caso está en los tribunales. Lo siento por los posibles afectados y desearía que el culpable, o los culpables, den con sus huesos en la cárcel, aunque me temo que eso no le va a devolver el dinero a las víctimas. Tan sólo pretendo plantear algunas reflexiones posiblemente de utilidad común. El Banco Central Europeo mantiene el precio del dinero actualmente en torno al uno por ciento. Cierto que antes estaba más alto. En noviembre de 2007 andaba sobre el cuatro. Sin embargo, hace mucho tiempo que no está al once. Los chollos no abundan; más bien todo lo contrario. Y la multiplicación de los panes ocurrió una vez; que se sepa, no se ha vuelto a repetir.

Si esto es así, y realmente es así porque la contundencia de los números suele ser irrebatible, ¿nadie sospechó nada de un señor que ofrecía duros no ya a cuatro pesetas, sino a una? ¿Ni los inversionistas, ni el propio banco cuyo nombre utilizaba el gestor de fondos para captar capital, ni la empresa bajo cuya marca operaba en Canarias se dieron cuenta de nada hasta que el dinero se había esfumado? Ciertamente no sé qué pensar. Entre otras cosas porque desde siempre he estado convencido que los tontos ya no se fabrican. Parece, empero, que hay excepciones; dicho sea -lo reitero por tercera vez- sin deseo de ofender a nadie, pero sí con ánimo de que reflexionemos sobre nuestras acciones. Catarsis que debería llevar a un propósito de la enmienda. Nos hemos acostumbrado a la rentabilidad del ladrillo, que es muy alta. Desengáñense desde ahora quienes piensen que volveremos a las plusvalías del 15 y hasta el 20 por ciento en un año. Aunque algunos están desesperaditos por volver a hinchar la burbuja inmobiliaria, eso se acabó. Afortunadamente, porque no se podía seguir degradando un territorio como se estaba haciendo. Fuera de la especulación inmobiliaria, esas rentabilidades sólo se consiguen con el tráfico de armas, la trata de blancas o el narcotráfico, amén de alguna que otra actividad igualmente poco edificante, cuya práctica suele conducir al llamado hotel las rejas. Tengamos cuando menos la socarronería del mago, pues dudo mucho que a un rural lo timen con tanta facilidad.

rpeyt@yahoo.es

 

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