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BENIAMINO GIGLI TENOR

Una de las principales voces del pasado siglo

Ganó la posteridad gracias a una voz inigualable y a una carrera comparable en muchos aspectos a la de su admirado Enrico Caruso
6/sep/09 01:52
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MUY DISCUTIDO EN SU DÍA por las libertades que se permitía en escena y poseedor de una fama fluctuante a partir de su muerte, acaecida en Roma el 30 de noviembre de 1957, Beniamino Gigli disfruta hoy de un prestigio indiscutible, tanto es así que este verano fue elegido el mejor tenor del siglo XX en un podio sólo compartido por su maestro, Enrico Caruso, y por el canario Alfredo Kraus, de cuya muerte se cumplirán diez años el próximo jueves.

Gigli nació el 20 de marzo de 1890 en Recanati, Italia. Su padre era zapatero, pero supo ver el potencial de su hijo y lo envió a la capital, para formarse con los maestros romanos del canto. Como otros cantantes de su generación, Gigli no lo tuvo fácil y hubo de emplearse como aprendiz y en diversos oficios. Su vida cambia antes de estallar la guerra, cuando triunfa en el concurso internacional de canto de Parma. En otoño de 1914 hizo su debut operístico como Enzo en "La Gioconda", de Ponchielli (en la imagen central). Ésta obra sería decisiva en su trayectoria, que pronto despega tras recibir la invitación de Tullio Serafin para participar en la temporada lírica de Génova. Palermo, Bolonia, Nápoles, Milán y de nuevo Roma abren sus teatros al nuevo talento, que en las décadas siguientes se consolidaría como uno de los mejores tenores italianos del periodo de entreguerras, sino el mejor.

A partir de 1919, ya finalizada la Gran Guerra, Gigli viajaría periódicamente a Sudamérica para cantar en el teatro Colón de Buenos Aires, con obras como "Tosca", "La Bohème", "Lucrezia Borgia", "La Gioconda", "La Traviata", "Rigoletto" y el que sería uno de sus dramas (y papeles) predilectos, "Andrea Chénier". Pero sería Fausto, en la ópera "Mefistófeles", de Arrigo Boito, el que le abriría el Metropolitan Opera de Nueva York, donde según las fuentes dio entre 375 y 500 representaciones entre 1920 y 1939. A uno y otro lado del Atlántico desplegó su rico repertorio lírico, del que también forman parte obras como "L'elisir d'amore", de Donizetti o "Manon Lescaut", de Puccini, y personajes clave del ciclo italiano como Nemorino, el duque de Mantua, el caballero Des Grieux o Mario Cavaradossi.

En muchos sentidos, Gigli siguió los pasos de su admirado Enrico Caruso. No sólo su repertorio se asemejaba, sino que continuó la estela del maestro al popularizar sus interpretaciones a través del disco (propósito gracias al cual hoy se disponen de registros históricos, como el estremecedor "Mi par d'udir ancora" de "Los pescadores de perlas", de Bizet). También como Caruso, marchó a Estados Unidos, donde fue aclamado por el público pero también criticado por expertos que ponían en entredicho sus cualidades actorales (para muchos sobreactuaba y enfatizaba los aspectos emocionales). Probablemente hastiado de la vida en Estados Unidos, o nostálgico del Paese, Gigli se despidió en un concierto que ofreció en el Constitution Hall de Washington D.C.; en su último periplo italiano había marchado a Roma y recalado en Rovigo, escenario de su debut cuarenta años antes.

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