CONTUNDENTE jarro de agua fría para los que echaban las campanas al vuelo: Canarias ha perdido en un solo día -el 1 de septiembre- más del doble de los puestos de trabajo que se generaron en las Islas durante todo el mes de agosto. Alentador, aunque lo bueno está por venir.
Se pregunta Enrique Arias Vega, periodista con amplia trayectoria en la información económica, si la política de Zapatero no nos está enfrentando a un surrealismo inquietante. Un disparate que, llevado al límite, implicaría que todos los españoles fuesen ciudadanos ociosos pero subvencionados. Subvencionados con 420 euros, para que no puedan moverse mucho ni, en consecuencia, armar demasiado jaleo. Insiste Arias Vega en que los sindicalistas están más preocupados por mantenerse en sus lucrativos cargos, que por generar empleo.
Existen ejemplos conocidos de economías absolutamente subvencionadas por el Estado. Cuba, sin ir más lejos. Falta saber si queremos volver al modelo cubano. Digo volver porque esa fue la economía imperante en España durante el franquismo de la posguerra; el más duro tanto desde el punto de vista social -se pasaba hambre física- como desde la represión política. Pero eso aquí se había acabado. Concretamente, las cartillas de racionamiento pasaron a la historia en 1952. Sobra decir que en la Cuba de los Castro siguen vigentes nueve años después de iniciado el siglo XXI. Alguien dirá que es exagerado pensar que un país como España, integrado desde 1986 en lo que hoy es la Unión Europea y miembro fundador de la Unión Económica y Monetaria (la llamada zona euro), puede llegar al extremo del racionamiento. Realmente me cuesta pensarlo, pero no es menos real que Cuba tenía el segundo nivel de vida de toda América -sólo la superaba Estados Unidos- antes de la Revolución. Cierto que entonces Batista había convertido a la Gran Antilla en el lupanar de los norteamericanos. Tarea que Fidel realizó con mucha más eficacia, justo es reconocérselo, pues consiguió transformar su país en el burdel de todo el mundo. Ojalá tuvieran los cubanos, incluso los que se han licenciado en carreras de larga duración, un sueldo mensual de al menos una cuarta parte de esos 420 euros que Zapatero está instaurando en España. Y nos quejábamos por la existencia de muchos mileuristas.
Un país libre no es un país subvencionado. La libertad empieza por la independencia económica. Un chico no abandona la casa de sus padres cuando adquiere la mayoría de edad, sino cuando dispone de suficientes recursos para hacerlo. En caso contrario sigue bajo el techo paterno, mal que le pese, hasta los treinta y hasta los cuarenta; hasta que haga falta. De la misma forma, un ciudadano no es libre cuando el Estado le subsidia sus miserias, sino cuando el Estado crea las condiciones necesarias para que encuentre trabajo y disponga de recursos para administrarse por sí mismo. ¿Es esto lo que busca el Gobierno de Zapatero? Lo dudo. El PSOE de Zapatero hunde sus raíces en un leninismo químicamente puro, donde la nomenclatura vive bien -y veranea en palacios reales-, pero la plebe hace cola en los comedores de beneficencia. Eso, y no otro, es el modelo de Estado que le gusta a Zapatero y con el que sueñan algunos de sus acólitos locales; verbigracia, Santiago Pérez o López Aguilar.
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