EN ESTE mundo existen perfectos imbéciles, que incluso han conseguido gobernar países, algunas veces por vías pacíficas y otras por caminos violentos. El último imbécil reconocido mundialmente es el líder libio Muammar el Gadafi. Gadafi, que la mayoría de las noches pernocta en una jaima en el desierto, lo que le debe tener trastornado el coco. Ha dicho que la ONU debería desmantelar la Confederación Helvética, o sea, Suiza, y entregar este territorio a los países limítrofes. La diarrea mental de Gadafi ha sido posiblemente apoyada por otro iluminado, Hugo Rafael Chávez Frías, que anda por Libia recibiendo collares y grandes collares y celebrando el cuadragésimo aniversario de la llegada de don Muammar al poder, a golpe de sable.
Es muy peligroso mantener a los imbéciles en el poder. No me digan nada del boliviano del jersey, del de la guayabera en Nicaragua, del dueño del sombrero -sombrero ya depuesto- de Honduras, del que financia la guerrilla colombiana desde Ecuador y de la del bótox en Argentina. Chiquito elenco. Por cierto que el de Honduras se está gastando las perras del pueblo venezolano viajando en aviones de PDVESA por toda América del Sur, una vez que le dieron puerta en su país por querer imitar a su ídolo Chávez en Honduras, prorrogando su mandato en contra de su Constitución y de sus jueces. Esta pandilla sigue en el poder en sus respectivos países. Porque se puede ser de derechas, de izquierdas, de centro y de la madre que los parió, pero lo que no se debería ser es imbécil, ni abocar a sus países al desastre más brutal.
En fin, que el mundo camina hacia la locura. Cuando se mueren en Latinoamérica los jefes de la guerrilla se encuentran sus ordenadores y se les trincan todos los renuncios de financiaciones millonarias. Y siempre aparecen los mismos nombres: o Chávez o Correa. Como si sus países necesitaran desestabilizar al de al lado -Colombia-, que lo que busca es la paz. Este mundo está ya demasiado convulso para que los mandatarios de las naciones (que no las naciones) se alíen para fomentar la desestabilización del que no comulga con sus postulados. Si arrimamos la cosa aquí, a Canarias, nada de eso ocurre. Queremos decir que no existen guerras, ni guerrillas, ni guayaberas peligrosas, ni nada de eso. Pero, ¿no notan ustedes un tufo ciertamente incómodo en algunas noticias que aparecen en los medios de comunicación sobre boicoteo a obras muy necesarias? ¿Por qué esa oposición a la vía de circunvalación de Tenerife, al puerto de Granadilla, a los trenes, a obras que son vitales para nuestro desarrollo? ¿Correremos acaso peligro de que las islas se nos llenen de imbéciles? Ya una vez, concejales de izquierdas de La Laguna felicitaron a Breznev en el aniversario de la revolución bolchevique. ¿No lo recuerdan? Dicen que Breznev se echó a llorar cuando recibió el telegrama.
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