ÁLVARO MORALES, Tenerife
Tal y como se había anunciado desde el Obispado y las administraciones públicas, a primera hora de ayer, 1 de septiembre, hubo movimiento real en la catedral de La Laguna. Diversos operarios de la empresa Víctor Rodríguez, adjudicataria de la ansiada reforma de las cubiertas, se afanaban en los primeros trabajos de unas obras reclamadas desde hace lustros y que se han topado en estos años con múltiples retrasos, inconvenientes, promesas incumplidas y, al final, cumplidas con la inyección de un millón de euros del Gobierno central que permitirá, en 2013, reabrir al culto un templo referente del patrimonio histórico y religioso de la ciudad y la Isla.
Los trabajadores de la empresa operaban en la mañana de ayer en uno de los laterales de la catedral. En el interior, los andamios ya dejaban claro que los preparativos estaban avanzados para cuando llegara el momento del inicio oficial, si bien uno de los jefes de las obras impidió a EL DÍA captar fotos del estado de la actuación dentro del templo. En la cubierta, diversas lonas verdes también evidenciaban el comienzo de las operaciones, que se prolongarán durante varios años en una demolición por partes que se hará a mano, dada la complejidad de la reforma.
Por esta apuesta, los canteros tomarán especial protagonismo en la demolición de las bóvedas y la cúpula. Los trabajos han empezado precisamente por esta última parte, para lo que se prevé colocar un andamio que rodee el cimborrio, se quitará la cruz y se irá demoliendo hacia abajo de forma manual. Se irán quitando pequeñas porciones que no se tirarán sobre la cubierta, sino que se bajarán mediante sistemas especiales de seguridad, como tubos de amplio diámetro.
Una vez desmontada la cúpula, y según el proyecto ganador, se instalará una carpa de lona sobre el techo de la Catedral y se empezará a demoler a mano las bóvedas, de la fachada hacia la parte trasera, desde el coro hasta el altar mayor. En este caso, se intervendrá de forma simétrica, quitándose una bóveda de la izquierda y luego otra de la derecha para evitar desplazamientos hacia los muros del techo.
Para evitar la entrada de agua de lluvia, antes de la demolición se habrá tapado el hueco que irá apareciendo en el cimborrio. El andamio que se usará para estas labores se montará en la parte exterior y es similar al que se instaló para la realización de los estudios del estado de este elemento.
El resto del proceso seguirá la pauta de la simetría porque, en todo momento, se debe controlar la descarga de los elementos que componen la cubierta para evitar que aparezcan esfuerzos horizontales que pongan en riesgo la estabilidad de la estructura principal de columnas y muros.
Para ello, las bóvedas se demolerán retirando primero la plementería o gajos que las componen, procediendo luego a la destrucción de los nervios que la componen y, en última instancia, de los arcos que sujetan la estructura de la cubierta. Una vez retiradas las bóvedas, se demolerán los capiteles, que se encuentran también afectados por la humedad que se ha introducido en la cubierta.
La Catedral se compone de cinco bóvedas, tres en un nivel superior y dos en otro más bajo, justamente en los laterales y sobre las capillas. El proceso comienza en la bóveda central y continuará hacia las dos laterales, ejecutando al unísono la demolición de la bóveda de la derecha y de la izquierda, para posteriormente demoler de igual forma las otras dos de las capillas.
Todo el trabajo se realizará bajo una estructura situada por encima de las bóvedas y que actuará de sobrecubierta protectora. Se trata de una lona ignífuga que protegerá el interior de la catedral de las aguas de lluvia que afectarían de manera negativa a la conservación del monumento, sobre todo en la etapa invernal y si se repiten las copiosas lluvias del año anterior.
Con el comienzo de los trabajos, se pone fin a una larga espera no exenta, incluso, de polémica política por los retrasos y la falta de financiación. El Ministerio de Cultura subsanó hace un mes la descoordinación que se produjo tras el cambio de ministro y, finalmente, entregó una subvención al Obispado tinerfeño para que pudieran empezar los trabajos, previstos para la mañana de ayer y que comenzaron con puntualidad inglesa. Tanta, que incluso las campanas sonaron como en las grandes y excepcionales ocasiones, como cuando se otorgó la declaración de ciudad Patrimonio de la Humanidad o cuando se celebra el aniversario de este reconocimiento. Una parte clave del patrimonio local se recuperará con esta reforma y contribuirá a aumentar el esplendor de un municipio clave de Canarias.
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