Al Santísimo Cristo de La Laguna
Iniciamos este día, en honor
de tu fiesta sacra y eminente;
fiesta que revive intensamente,
el placer que nos brinda su esplendor.
Es la fiesta que nos muestra con primor,
lo más bello, culto y refulgente;
es la fiesta del Cristo con su gente,
compartiendo la gran fe, con su fragor.
Va este hermoso día festivo,
con los adornos de plata, en la Cruz;
pero Él, ese día, ¡está vivo!
Va conviviendo nuestra existencia;
su Faz nos presagia paz y clemencia,
y ese día es, más clara su Luz.
Cuatro siglos son, tiempo en distancia,
que esta digna fiesta se venera.
El tiempo ha troncado su manera,
arraigando así, la gran constancia.
Nuestro Cristo imparte su prestancia,
y sublima la urbe lagunera;
toda su gente con fervor espera,
su regio perdón; su Divina gracia.
Ese gran fervor queda repagado,
porque Él, repaga con su bendición;
remuneración, al fervor portado.
Todas las almas forman sólo una;
y cantan al Cristo de La Laguna,
el callado canto de la devoción.
Tomás Montesdeoca Pérez
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