EN SU NÚMERO del domingo último, este periódico publicó un muy interesante trabajo de mi compañera Cristina Álvarez, acertadamente ilustrado, que revela casi inéditos detalles de un suceso que conmovió profundamente a Tenerife y a toda Canarias: un atraco perpetrado a un tranvía, en la curva de Gracia, a las ocho de la noche del 1 de septiembre de 1934, cuando el vehículo viajaba de La Laguna a Santa Cruz. Se trataba del tranvía número quince, que efectuaba el último servicio del día y que, por este trágico hecho, ya que murieron dos personas, se hizo famoso. Los asaltantes, un grupo de individuos enmascarados y armados, mandaron al conductor, de nombre Antonio Guerra, a parar el tranvía y le exigieron la recaudación amenazándolo con una pistola. Este entregó el dinero, que se reducía a 606 pesetas. Dada la casualidad de que, tras el número quince, retornaba, averiado, a la estación de La Cuesta el tranvía número trece. Inesperadamente, al parecer, debido al nerviosismo de los inexpertos atracadores, empezaron a sonar los tiros. Resultaron heridos un joven pasajero del número 15, el estudiante Agustín Bernal Cubas, de 19 años, y el conductor del tranvía número 13, Luis García-Panasco Toledo, de 34 años, ambos con domicilio en Santa Cruz y casualmente casi vecinos, porque Bernal vivía en la calle Castro y García-Panasco, en la Rambla de Pulido.
Aquel trágico suceso conmovió, insisto, a Santa Cruz entero. Un servidor acababa de cumplir once abriles, pero casi pensaba como una persona mayor porque, este que lo es, como dicen en el campo, era una especie de "repelente Niño Vicente" de "La Codorniz", ya con el examen de Ingreso en el Bachillerato aprobado, y me preparaba para los exámenes de primero y segundo juntos, en el Instituto de Santa Cruz. Total, que me entró tremendo disgusto, como a todos los que vivíamos en el barrio de Duggi, porque conocía, de verlo en casa de su padre, a Agustín Bernal, aunque no tenía amistad con él por razones de edad y de estudios, ya que creo que hay un error en la información al decir que Bernal estudiaba Bachillerato en La Laguna cuando creo entender que cursaba estudios superiores en una de las tres facultades de la Universidad de Aguere.
Don José Donato Bernal, padre del joven Agustín, que era una buena persona a la dábamos la lata la pibada de la época, tenía una tienda, al estilo de la entrañable de don José Coello, en la casa que hacía esquina entre las calles de Castro y de Serrano, y a ambos establecimientos iba yo a comprar alguna cosa para la casa, a lo que me mandaba mi madre. Recuerdo al campechano y amable don José Donate como si lo estuviera viendo ahora. Y respecto a aquella insólita tragedia, dejó de hablarse hasta que, ya en plena Guerra Civil, se dijo que los atracadores del tranvía habían sido detenidos y juzgados como otros autores de fechorías en aquella movida y peligrosa época postrepublicana, donde hubo delitos como el incendio de la parroquia de La Matanza, algún asesinato y varios robos y altercados.
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