BUENO, aunque la cosa no está para celebraciones a lo grande por aquello de la crisis, los vecinos de Los Realejos no dejarán de celebrar sus acostumbradas fiestas, y cada barrio rendirá homenaje a sus patrones, como viene siendo costumbre.
Las más cercanas en estos meses de verano que tenemos a la vista son las de Afligidos, en el casco histórico del Realejo Bajo, que cuenta con varios siglos de tradición, y posteriormente las de Ntra. Sra. del Buen Viaje, en el popular barrio de Icod el Alto, o Icod de los Trigos, nombre por el que se le conocía antiguamente.
Esta imagen de la Virgen, de autor desconocido, ha sido muy venerada en el transcurrir de los años.
Para sus fiestas de agosto, los icodlalteros que habían viajado a Venezuela acostumbraban a enviar sus limosnas con el fin de que las fiestas de la Virgen se siguieran celebrando, y así ha sido: Icod el Alto celebra cada año con el entusiasmo de los suyos, estas tradicionales fiestas en honor de la Virgen del Buen Viaje.
Los ventorrillos, la carne en adobo, las papas bonitas bien arrugadas y los buenos caldos llamaban la atención de todas aquellas personas que, tanto el domingo último de agosto como el lunes, acudían a Icod el Alto en estos días grandes de sus fiestas.
Las funciones religiosas, las procesiones y los fuegos artificiales en los distintos "cuarteles" formaban parte importante del programa de aquellas fiestas, y miles de romeros se trasladaban en guaguas conocidas por "las perreras", mientras que otros lo hacían caminando por las "vueltas de Tigaiga" hasta tomar la carretera e irse a la plaza, entrar en la ermita y esperar a que comenzara la función religiosa.
Otros, a la espera de la procesión nocturna, acudían a los ventorrillos a degustar la sabrosa carne de cochino en adobo o las chuletas asadas a la brasa. Y ello rociado del buen vino como era normal.
Así conocíamos desde niños estas fiestas, en las que mi padre se "jincaba" sus buenos vasos de vino. Después, y ya finalizadas las fiestas de Icod el Alto, que tanta cantidad de gentes reunía en su recta calle y plaza, llegaban las de Tigaiga. El primer domingo de septiembre, muchas generaciones de tigaigueros se reunían en familia para festejar a la Inmaculada Concepción, patrona del Pago de Tigaiga. Así lo decía el historiador don Guillermo Camacho y Pérez Galdós, que vivió en la Hacienda de los Príncipes, concretamente a la entrada de este barrio.
Don Guillermo Camacho sabía con qué amor y cariño celebraban los tigaigueros sus fiestas de septiembre en honor de su patrona, la Purísima Concepción, y cómo cada familia preparaba para estos días de jolgorio sus mejores viandas, que luego eran compartidas con los que esos días festivos llegaban a este singular barrio, desde donde se divisaba una espléndida vista sobre Los Realejos y su cercano litoral.
De estas fiestas y del fecundo amor que las gentes de Tigaiga le tenían a su patrona hay mucho que escribir, como bien reconocía el prestigioso investigador orotavense don Manuel Rodríguez Mesa, quien además tiene en su poder muchos e importantes documentos sobre la fundación de la ermita y de sus fiestas.
Un personaje que se ha entregado a los archivos en busca de tantas noticias importantes y de tradiciones festivas como las de Tigaiga, Palo Blanco, San Benito, San Isidro, Los Afligidos, el Carmen, Los Remedios, San Vicente... O sea, de todos los municipios y barrios, porque ese ofició de investigador como discípulo de don Leopoldo de la Rosa le ha valido para investigar y dedicarse al difícil mundo de la investigación seria y documental.
De las Fiestas de Tigaiga, de las de antes, las de ayer, de las de mañana, y de las de después de mañana. Por consiguiente hay mucho que escribir y otro tanto que descubrir. Aquí nadie puede decir que está en posesión de la verdad si no tiene documentos que lo justifiquen, y creo que es don Manuel Rodríguez el que tiene en su amplio archivo gran cantidad de documentos.
Por tanto, el municipio de Los Realejos, de norte a sur y de este a oeste, es un pueblo cargado de tradiciones; unas que perviven, y otras que con el paso del tiempo se han quedado atrás, pero también es importante dejar oír a nuestros mayores; ellos mejor que nadie nos podrán hablar de cómo celebraban sus fiestas y los cambios originados por el transcurrir de los años.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD