No SABÍA que la primera persona que ha sido objeto en España de un trasplante de cara es un hombre canario de 43 años, cuyo nombre y señas no publican los medios informativos como si se tratara de "secreto de sumario judicial". Se informa de que la cara que ha sido trasplantada a este paisano nuestro fue donada, claro está, por los familiares de otro hombre de 35 años que murió en un accidente de tráfico, sin que se indiquen nombre, señas, lugar del siniestro y otras circunstancias relativas al suceso.
Si dice la agencia Efe, autora del despacho, que la insólita intervención quirúrgica se llevó a cabo en el Hospital La Fe, de Valencia, y que duró unas quince horas. Dirigió el equipo médico actuante, formado por treinta profesionales, el cirujano doctor Cavadas, director de la clínica. Nada se dice del estado físico previo del paciente, pero se sabe, porque es la condición impuesta para esa clase de operaciones, que el paciente padecía una lesión facial traumática grave o quemadura. Otras condiciones que se exigen en ese centro para ser intervenido en caso de trasplante de cara son tener entre 18 y 50 años, residir en España, estar cubierto por el Sistema Nacional de la Salud, no ser fumador ni tener sobrepeso, padecer diabetes o cardiopatía isquémica, condiciones que, se supone, cumplía nuestro paisano pero, posiblemente, difíciles de cumplir por cualquier otro solicitante de operación de trasplante de cara.
Personal y profesionalmente, me extraña el evidente afán de secretismo que ha rodeado esta intervención quirúrgica, la cual debería haberse dado a conocer precisamente por no practicarse todos los días. Recuerdo cuando se efectuó el primer trasplante de corazón, que practicó en España el yerno del general Franco, doctor Martínez Bordiú, marqués de Villaverde. Entonces se publicó hasta la marca del bisturí utilizado. Ahora no se trata de lo mismo, pero choca que no se diga ni pío de la persona trasplantada y menos del donante. Pero él no puede irse por ahí ni a veranear, ni siquiera a darse un garbeo playero, porque ha de someterse a un proceso quirúrgico y rehabilitardor durante, al menos, dos años; residir en Valencia durante un mínimo de ocho meses tras la operación y después residir en España mientras -dicen- tenga la cara trasplantada, o sea, siempre, porque no va a quitarse el nuevo rostro, como si fuera una careta carnavalera, para viajar, por caso, a Finlandia.
Pero no acaba aquí la cosa, porque, al parecer, lo mismo que está haciendo Zapatero con el PP, que dicen que pincha los teléfonos y que tiene espiados a los afiliados del partido rival de la mañana a la noche, el señor coordinador de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), que responde por don Rafael Matesanz, dice estar preocupado "porque se han filtrado algunos datos del donante, porque la privacidad es un elemento fundamental en todos los trasplantes pero más en los de cara", ya que resulta feo que la gente se exhiba, me supongo, con la cara de otro. Y así estamos. El espionaje político tipo Zapatero llega ya hasta los trasplantes de órganos humanos. ¿A dónde vamos a parar?
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