HAY QUE VER Lo que tardan en poner en funcionamiento los nuevos puentes sobre la autopista del Norte. Los puentes peatonales. El que han construido frente al Hospital de la Candelaria ha tardado más tiempo en entrar en servicio que el monasterio de El Escorial, en tiempos de Felipe II. Aún no ha sido inaugurado. ¿Se trata, acaso, de los puentes de Madison? Los dos puentes de Guamasa han tardado años en entrar en servicio; ni siquiera en estos días lo han conseguido todavía. Las obras en la isla se eternizan. ¿O no es eterna la ampliación de la autopista del Norte, sentido descendente, por debajo de la Casa Cuna? ¿Qué tomadura de pelo hacia los ciudadanos es esta?
En este país, las obras se disparatan en sus presupuestos iniciales precisamente por la tardanza. La modificación de trazados y otras lindezas las hacen eternas y muy caras. La isla de Tenerife ha sido levantada, se encuentra inmersa en unas obras eternas e incomprensiblemente lentas que la afean. Nadie parece darse cuenta de que esta isla vive del turismo y el turismo quiere estética, belleza, comodidad.
Pero el disparate de obra pública tardona se lo lleva el mirador de Humboldt, que lleva casi una década inmerso en trabajos. Cuando lo construyeron se olvidaron de la acometida eléctrica. Hubo que romper un kilómetro de carretera para dotar a la instalación de energía eléctrica. Luego el Cabildo le pasó el muerto al Ayuntamiento de La Orotava, pero la desidia continúa y el mirador no se abre. Y va para diez años que los arquitectos Ascanio y Casañas entregaron el proyecto, que a algunos les gusta, a otros no.
Qué no decir de la carretera portuense que hace posible la circulación fluida hacia El Burgado y el Loro Parque. El Cabildo se ha enfrascado en una gestión disparatada en la zona y aquello no sale adelante. Se forman unos atascos monumentales que contribuyen a elevar el nivel del caos de tráfico en el Puerto de la Cruz.
Tenerife no está teniendo suerte con las obras que acomete el Cabildo, muy lentas y con escasa atención por parte del organismo insular. Da la impresión de que las contratas hacen lo que les da la gana, sin que ninguna autoridad las ponga en su sitio. No hay derecho al calvario a que se somete a los ciudadanos, que esperan y esperan a que se restaure la comodidad a sus vidas. En vano.
Y lo peor es que las obras afectan a las entradas a dos ciudades importantes, como son Santa Cruz y el Puerto de la Cruz. Sería bueno recomendar seriedad al Cabildo y responsabilidad a las contratas que han ganado esos concursos. Y, si no, que no se las tenga en cuenta para futuras licitaciones, por incompetentes.
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