NUNCIÁBAMOS en nuestro comentario del viernes que hoy nos ocuparíamos, como preámbulo a nuestro habitual editorial, de dos asuntos más o menos trascendentes según el punto de vista desde el que se observen. Uno es la denuncia realizada por Cristina Tavío sobre presuntas escuchas ilegales de su teléfono, en la misma línea de lo que ya han hecho otros dirigentes de su partido, el PP, en el ámbito nacional. La niña Tavío preside en Tenerife una formación política que en Canarias está al servicio de la tercera isla, al igual que el PSOE, ambos estatales, y el paraestatal CC. El otro tema inicial será la pintada sufrida en la puerta de su casa por el diputado regional Santiago Pérez. Vayamos por partes.
Evidentemente, no tenemos ninguna prueba de que el teléfono de doña Cristina haya sido intervenido, aunque nos inclinamos a creer en lo que dice porque no es la primera vez que el PSOE recurre a prácticas extrañas; prácticas, si no ilegales, sí al menos propias de personajes pícaros y picantes. Como prueba de nuestras afirmaciones nos remitimos, una vez más, a la forma en que los socialistas de Zapatero han ganado las dos últimas elecciones generales. En marzo de 2004 obtuvieron el triunfo tras varios atentados sangrientos perpetrados el mismo día en Madrid, en el que perdieron la vida cerca de 200 personas. En vez de apoyar al entonces Gobierno de la nación, como es habitual en cualquier país democrático siempre que ocurre una tragedia similar, el PSOE, con Alfredo Pérez-Rubalcaba moviendo los hilos, comenzó a maquinar la derrota del PP. En el colmo de la infamia, se llegaron a producir manifestaciones ante las sedes de los populares en una jornada de reflexión. Pensamos que sólo por estos hechos, gravísimos se miren como se miren, se debían haber suspendido los comicios. La segunda victoria de los socialistas también estuvo trucada, pues Zapatero y sus ministros, de forma especial Pedro Solbes -entonces titular de la cartera de Economía- le ocultaron al pueblo la crisis que se avecinaba. Mintieron descaradamente, argumentando que tal crisis no era más que una invención de derrotistas y antipatriotas. Más aún: incluso tuvieron la desvergüenza de ridiculizar a Manuel Pizarro durante un debate electoral. Al final, la crisis ha llegado con todas sus consecuencias y muchas familias, tanto españolas como canarias, están pasando hambre. ¿Merecen los socialistas gobernar en estas condiciones? Pensamos que no. Basta con que se lo preguntemos a esos miles de personas afectadas, no sólo en su estómago sino en su salud física y mental.
CANARIAS no forma parte de España y, en consecuencia, no es una región europea, ni siquiera ultraperiférica, aunque nuestra cultura sea europea como consecuencia de seis siglos de colonización. Cabe suponer que España sí es un país europeo, pese a que siempre se ha dicho que África empieza en los Pirineos. Sin embargo, por culpa de Zapatero, España está dejando de ser parte de Europa. Económica y socialmente ya no lo es debido a las abismales diferencias generadas en los últimos años, y no nos extrañaría que el día menos pensado Bruselas tomase alguna medida contundente contra los desmanes del Gobierno de Madrid. Como canarios no nos queda más remedio que asistir impasibles a un penoso espectáculo, pues nuestro yugo colonial nos ata al fatal destino de España. Triste final para un país que tanto ha significado en el mundo, y más triste aún para otro, en este caso el nuestro, con recursos suficientes para ser riquísimo y vivir en la abundancia, pero que se ve arrastrado al mismo abismo. ¿Es que no ven esto los nacionalistas tímidos, los tibios, los teóricos del nacionalismo y los amantes de la españolidad? ¿Incluso el pueblo llano y sufrido?
No nos cansaremos de exigirles a los sindicalistas que echen al mofletudo antes de que el deterioro de la economía española sea irreversible. Lo decíamos en nuestro comentario de ayer y lo repetimos hoy. Zapatero se pone la falsa máscara de su sonrisa para tranquilizar a los incautos. Con esa sonrisa de "aquí no pasa nada" tiene cautivado y engañado al pueblo. No obstante, cada vez son menos sus seguidores. Realmente ya sólo cuenta con los que acuden a sus mítines, fanatizados por su palabra fácil. La mayoría de ellos son estómagos agradecidos. Lo repetimos: si los sindicatos fuesen otros, lo echarían a patadas por las costas peninsulares.
QUERÍAMOS, como señalábamos al principio, que el asunto de la pintada en la casa de Santiago Pérez formase parte del prolegómeno de este editorial. Sin embargo, algunos temas nos irritan tanto que se nos va la mano a la hora de dedicarle una extensión quizá más amplia que la debida. Pese a ello, con el señor Pérez trataremos de ser breves. Alguien ha escrito, con mucha mala intención, que el deplorable hecho de esta pintada se debe a las críticas vertidas contra dicho político desde las páginas de EL DÍA. Nuestro único pecado ha sido denunciar la situación colonialmente esclavizada del pueblo canario, y la forma ignominiosa en que el Parlamento de Canarias ha conculcado la Constitución al reprobar a nuestro periódico. Pedimos la libertad de esta tierra, pero siempre de forma pacífica. Repudiamos la política que practica el señor Pérez y sus correligionarios, pero condenamos toda agresión física contra su persona y sus bienes. Lo hemos hecho en el pasado con todos los políticos, sean cuales sean sus ideas, y seguiremos haciéndolo en el futuro. Jamás apoyaremos ni la violencia, ni a los violentos, pese a que muchas veces nosotros mismos hemos sido violentados en nuestra dignidad empresarial y personal.
Con respecto a este hecho -deplorable, insistimos en ello- nos preguntamos si a los autores no hay que buscarlos entre esos miles de personas a las que don Santiago Pérez ha desencantado electoralmente. Ciudadanos que no tienen ningún motivo para llamarlo rojo y pintarle la puerta de su casa de este color, pero sí para ponerlo rojo de vergüenza por la forma en la que se ha comportado. Eso sí, debemos decir en su favor algo que lo dignifica: ha renunciado a cobrar las dietas por las reuniones del Parlamento durante este mes. Podría completar tan noble gesto y devolver las que ha cobrado en el pasado. Y adentrados todos en el camino de la decencia, deberían hacer lo mismo el resto de sus señorías.
ENCABEZAMOS este editorial con unos gráficos sobre los derechos que tienen los canarios para ser independientes. Por un lado están, y eso también lo hemos escrito reiteradamente, los sentimientos por la masacre que sufrieron nuestros antepasados. Un recuerdo excluido de la memoria histórica, pues lo aplastan los citados nacionalistas teóricos y los amantes de la españolidad de estas Islas. Personas que hemos citado en otras ocasiones, pero cuyos nombres omitimos hoy para no escarnecer a nadie. En cambio, sí queremos mencionar la figura excepcional de Paulino Rivero, presidente del Gobierno de Canarias; un hombre honesto, injustamente degradado por el socialismo oportunista que también padecemos en Canarias. Creemos en su honestidad y en su buen gobierno, y no creemos en esa inocentada a cuenta de su sobrina. Un asunto al que nadie le da importancia.
PAULINO RIVERO es la persona adecuada para presidir de forma temporal la República Independiente de Canarias, para cuya constitución han de darse los pasos adecuados sin mayores dilaciones, pues el año 2010 está a la vuelta de la esquina. Qué pena nos causan los nacionalistas, e inclusive los independentistas convencidos, que se resignan al cautiverio metropolitano pues piensan que no será posible alcanzar el estatus de nación libre. Sepan todos ellos, así como los amantes de la españolidad, que podemos ser soberanos y dueños de nuestros propios recursos; unos bienes que hoy rapiña la Hacienda española. ¡Viva Canarias libre!
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