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CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión, mis ignorancias (304)

22/ago/09 07:39
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QUIENES sigan periódicamente mis artículos recordarán que, hace un par de semanas, les comuniqué que tenía dos trabajos escritos desde hace un año, sin atreverme a publicarlos. He cambiado de opinión y aquí tienen ustedes uno de ellos.

Cuando en mis artículos semanales escribo sobre situaciones que afectan a esa capital asignatura que se llama Lengua Española y me equivoco en algo, lo siento pero no me asusto. Asumo el error y ya está. Pero cuando hablo de Historia la cosa cambia, porque cada cual tiene un modo de interpretarla y quien no coincida con mis apreciaciones puede tacharme de fascista, comunista, liberal, retrógrado, visionario, profeta, cavernícola y no sé cuántas cosas más. Convencido de que esto es así, he aconsejado varias veces a Lolo y a su amigo Miki que lean despacio, que oigan a las dos partes y, sobre todo, que sean ecuánimes e imparciales en sus opiniones; aunque tal vez sea mucho pedir porque ya ven ustedes cómo anda eso que en otra época se llamaba imparcialidad.

Creo que no he conseguido mis propósitos porque... Voy a contarles una reciente anécdota, ocurrida mientras escribía este artículo:

"No he de ocultar que en el choque de culturas -castellana y guanche- mis simpatías están al lado de la raza indígena, indómita y altiva, cuyo heroísmo rebasa toda ponderación y raya en lo sublime".

-Yo no sabía que el Sr. Ruméu fuera independentista- me dice Miki, mientras mi sobrino Lolo, justamente a mi lado, permanece inmóvil como una estatua.

-¿Y de dónde sacas tú tal conclusión? No esperaba yo ese comentario, Miki.

-De las palabras que acaba usted de escribir. Creo que el asunto está claro.

-No es oro todo lo que reluce, Miki. Y no olvides que las apariencias engañan. Tú te has adelantado ahora al hablar, sin pensar antes tus palabras, que podrían ser conflictivas.

-Entonces, tío: ese señor Ruméu, al que tanto alabas siempre, no es...

-¡Menos mal, Lolo! Creí que estabas dormido. Y dormido de pie, que es peor.

-Lo que estaba es alucinado, anonadado, con eso que estás copiando.

-Pongan atención y óiganme ahora otras palabras de don Antonio, prestigioso tinerfeño que fue dos veces...

-Sí, ya lo has dicho en otras ocasiones: fue presidente de la Real Academia de la Historia, no una vez, sino dos. Pero no te enrolles, como haces siempre, y vamos al grano de una vez.

-Muy bien. Pongan entonces atención para que no haya luego malentendidos.

"El 29 de abril de cada año se conmemora el término de la conflagración al alborear la paz bienhechora que unió para siempre en fraterno abrazo al vencedor con el vencido. Si grande fue la victoria, sublime es, por lo heroica y desigual, la derrota. Exaltamos por igual a conquistadores y conquistados; al valiente capitán castellano y al esforzado caudillo indígena; al invasor que hollaba tierra extraña en pos de un sacro ideal, y al altivo aborigen que, apegado al terruño ancestral, vendía cara su amada libertad. Todos son nuestros progenitores". (Publicado en el periódico "Falange" el 29 de abril de 1959).

-¿Es posible que esto que nos acaba usted de leer también fue escrito por...?

-Sí, Miki. Se trata del mismo autor.

-¿Y tú qué opinas, tío? Porque a nosotros nos interesa saber lo que piensas. Además, imagino que a los lectores les ocurrirá lo mismo que a nosotros. Estamos muertos de curiosidad.

-Cuando alguien escribe un artículo de prensa, la opinión ha de estar siempre de parte del lector. Pero no olviden que cada hombre es un mundo y puede expresar sus ideas como le plazca. Lo que sí quiero repetirles, a ti y a Miki, es que mi recuerdo de don Antonio sigue siendo el de siempre. Fue un personaje de gran altura intelectual que honró a Tenerife y a Canarias con su trabajo. Y les repito lo que les dije al principio: lean despacio, piensen, reflexionen cuanto sea necesario y, después, opinen. Pero procuren que esa opinión sea imparcial, además de inofensiva.

Por lo que a mi respecta, tengo la esperanza de que, entre mis posibles lectores, no haya quien quiera buscarle, a la fuerza, tres pies al gato; aunque es muy posible que esta vez me equivoque por ser tan optimista. Me he limitado a hablar de historia. Incluso con palabras ajenas. Y ya saben ustedes que las lecciones de Historia son simplemente eso: lecciones de Historia.

 

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