G. MAESTRE, S/C de Tenerife
Con el fallecimiento del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, el 31 de enero de 2008, los turbios asuntos que rodearon su vida y trayectoria religiosa, y que incluso obligaron al Vaticano a abrir una investigación hace más de una década, parecen haber tomado mayor protagonismo, y ante los rumores de que es el padre de al menos cuatro personas se han retomado las acusaciones de abusos sexuales y vejaciones.
Conocedor de los secretos de la Legión por haber pertenecido a ella más de dos años, un canario que ha vivido toda su vida en Santa Cruz de Tenerife, salvo los dos años y medio que perteneció a esta congregación, asegura que no parará hasta que se restablezca el honor de quienes denunciaron las prácticas depravadas y anticristianas de Maciel con niños a los que reclutaba bajo el pretexto de servir a Dios y hasta que la Iglesia reconozca la dura disciplina, "casi inhumana", que se aplica a quienes entran en este grupo.
Este canario, cuya identidad prefiere que se guarde, y al que el propio Maciel le dijo durante un encuentro en Salamanca que había visitado el Puerto de la Cruz en los años 60, mantiene que los Legionarios de Cristo "no son una secta, no están al margen de la Iglesia, sino que forman parte de ella y están destinados a servirle".
La congregación religiosa fue fundada por Marcial Maciel en 1941, y tiene como misión la extensión del Reino de Cristo en la sociedad según las exigencias de la justicia y caridad cristianas, y en estrecha colaboración con los Pastores y los programas pastorales de cada diócesis. Hoy cuenta con más de 800 sacerdotes y 2.500 seminaristas mayores y menores y tiene casas establecidas en 22 países; sin embargo, no atraviesa su mejor momento, puesto que el propio Papa Ratzinger ha ordenado una visita apostólica, es decir, ha vuelto a abrir una inspección sobre su modo de operar y sobre las normas que se están aplicando.
"Hay ocho víctimas que entraron en la legión siendo unos adolescentes y ahora tienen más de 70 años. Tras la muerte de uno de ellos, Fernández Amenábar, en 1976, su último deseo fue hacer saber que perdonaba a Maciel, pero que pedía que hubiera justicia. Amenábar fue sacerdote legionario y contó que había sufrido abusos, igual que otros siete compañeros, como José Barba, que incluso ha relatado cómo Maciel le dijo cuando tenía 10 años que tenía un problema de acumulación de semen y que eso le causaba dolores de próstata, pero que tenía un permiso de Pío XII para que unas monjas-enfermeras lo aliviasen. Es estremecedor, porque eran niños y Maciel ejercía una gran autoridad moral sobre ellos".
Es en este punto donde este creyente canario muestra su preocupación, pues recuerda que "Fernádez Amenábar, José Barba, Alejandro Espinosa, Saúl Barrales, Félix Alcorcón, J.A. Pérez Olvera, Arturo Jurado y Fernando Pérez Olvera denunciaron ante el Vaticano lo que Maciel les había hecho y en 1997 un periódico americano publicó sus testimonios, pero luego, en ese mismo periódico, Maciel respondió que ellos mentían y que eran calumnias. Esa denuncia, siendo ya Papa Ratzinger llevó a que la Iglesia, en 2006, recomendase a Maciel que se retirara y se dedicara a una vida de oración y silencio sin iniciar un proceso canónico en atención a su avanzada edad, ya que la Iglesia reconocía los frutos buenos que daba la Legión en sus apostolados. Es ahora cuando se ha decretado esa visita apostólica, pero para mí, que me honro como católico, me duele que a estas personas se les haya tachado de mentirosos y también la situación de aquellos a quienes sigo considerando como mis hermanos en Cristo. Mi crítica es que ellos quieren continuar en su vocación con buena fe, y aunque no son responsables de la vida de Marcial Maciel, lo cierto es que, como institución, deben una reparación a esas víctimas".
En este sentido, tanto esta persona como la Asociación de Víctimas de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi explican que además de las víctimas directas de Maciel también existen las que están dentro de la congregación y están siendo perjudicadas por "un régimen estricto, férreo e inhumano", y es que en la Legión las relaciones familiares están restringidas, ya que sólo se permite una visita y tres llamadas de teléfono al año.
Mientras tanto, se da la circunstancia de que, frente a este comportamiento tan exigente y que busca la moralidad más absoluta, "los propios legionarios han reconocido la existencia de una hija de Maciel que vive en Madrid y luego hay otros tres presuntos hijos que están dispuestos a hacerse las pruebas de ADN", admite este cristiano, que asegura que, pese a todo, mantiene intacta su fe.
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