Está bien que el albariño sea bandera de vinos blancos gallegos tan especiales. Lo merece (no en todas las ocasiones, claro).
Sin embargo, para el comentarista habitual de estas páginas, y hablo con conocimiento de causa, el ribeiro es todo un guiño sápido y que casa extraordinariamente con los productos siempre loables de Galicia.
Me parece haber escrito ya que hace poco, en Muros, en las Rías Altas, tomé unas navajas-plancha acompañadas con un ejemplar ribeiro Viña Costeira. Fabuloso.
Uno de los ribeiros que me queda grabado tras haber coincidido con él -o él conmigo- es el denominado Viña Meín, fermentado en tino; un blanco de crianza en barrica que adopta la denominación de la bodega, enclavada en la zona del Ribeiro.
La variedad predominante es treixadura (80%) y se ensamblacon otras autóctonas, tales como la loureira, torrontés, albariño, lado y albilla.
La crianza es de 12 meses en barricas de roble francés. Esta semana pude probar una botella de la añada 2006 en la Posada de Los Mosqueteros, en La Laguna; algo evolucionado el blanco -perceptible en el color oro del néctar-, y su punto "amontillado". En nariz, fondo de pasas, comentario acertado del buen amigo David Cabrera (Brero Canarias).
De cualquier forma, hacía tiempo que quería dejar constancia de este buen caldo.
Según la nota de cata de la bodega, es un vino equilibrado, fresco, seco y de gran expresividad frutal y aromática, que evoluciona muy bien en botella, sorprendiendo con el paso del tiempo.
Viña Meín es una propiedad familiar que tiene su origen a principios de los años 90, cuando la familia Alén, natural de San Clodio, adquiere la finca Meín en la que por aquel entonces no existían viñas. En la misma se construyó una moderna bodega, adosada a la casa ya existente, en la que hoy funciona un elegante hotel rural.
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