Molino, añejo molino
El molino abandonado
ya no arrulla la simiente
y su piedra ya no muele
ni ampara tanto alegato,
porque dormido no quiere
despertar de su letargo.
Y allí quedó sin facción
y sus aspas ya no giran
al compás del corazón,
porque no agita sus guías
ni conmueve por su ardor
en el mediar de los días.
Vetusto molino en tierras
del labrador y sus voces,
ahora cargado de esperas
en sus muchas deserciones,
tan sumiso a las faenas
al trinar las estaciones.
Y en rumores, ya sellado,
sin timbre y sin grabación,
huido de sus abrazos
en la soledad, su acción
ya no ofrece esos regalos
del grano en su remoción.
Molino, viejo molino,
rotas hoy están sus alas
por el viento y sus registros,
y ya no oferten sus aguas
la intimidad de su abrigo
ni la flor de la esperanza.
Juan Antonio López de Vergara y Batista
Ocaso
Ayer contemplé la puesta de
[sol.
Había una franja en el hori
[zonte
de nubes espesas, de pardo
[color,
y sobre la franja el sol ama
[rillo,
que se iba ocultando, lento,
[remolón...
No sé si hay algo tan bello
como el ocaso del día,
en la estación veraniega,
con el cielo despejado
y la mar adormecida.
Lentamente el astro rey
avanza al morir el día,
sus rayos se debilitan
y la atmósfera se enfría.
Cuando la tarde declina
y la tierra se oscurece,
el cielo se torna rojo
y el sol se desvanece.
Es un cuadro alucinante
sobre un lienzo natural,
creado por un Artista
de prestigio universal.
A. Velázquez
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