SE LLAMAN Elizabeth y Leslie. Desde hace años viven juntos en Little Rock, la capital de Arkansas, aunque no creo que algún día lleguen a casarse. Ayer, después de mucho tiempo, les telefoneé. Se pusieron contentos al suponer que me disponía a dar una vuelta por allí. He residido algunas temporadas en su casa. Sin embargo, no tengo interés en volver. Aparte de su encantadora compañía, en Little Rock, y por extensión en toda Arkansas -la tierra de Bill Clinton- no hay mucho que ver. Campos de arroz que se pierden en un horizonte acuoso y sofocante -hay que vivir en el sur de los Estados Unidos en verano para saber lo que es el calor húmedo- y granjas de pollos que uno no ve desde la carretera, aunque se las imagina. Elizabeth y Leslie son funcionarios. Ella trabaja en una oficina estatal de North Little Rock y él es informático en un hospital público. Los llamé, como digo, no para anunciarles una visita, sino para preguntarles si podía utilizar sus nombres en un asunto que ya fastidia un poco. "Of course, yes; the last name also", me dijo Elizabeth jocosa apenas le expliqué de qué se trataba. No obstante, los apellidos prefiero reservarlos.
Se trata, y esto ahora va para ustedes, de un mensaje recibido por correo-e en el que un lector me dedica algunos adjetivos a cuenta de un artículo que sin duda no le ha gustado. Disgusto que lo lleva a decir de mí cosas como que soy "un pobre imitador de golfillos fachoides y buenos vividores del cuento", o "un chupatintas de empresa privada" que se enfada porque haya chupatintas de empresas públicas, o que me paso la vida "adulando y venerando al Cabildo
como institución, y, por descontado, a sus demasiado bien pagados capitostes y jerifaltes", o que me molesta que haya muchos funcionarios porque debo mantenerlos. Pienso que no imito a nadie; ni siquiera a los que tengo por maestros, que son unos cuantos. Golfillo y fachoide, pues tampoco; en cualquier caso, antes golfo y facha que progre hipócrita y vividor caradura a cuenta del pueblo. Lo de adular y venerar al Cabildo estoy a la espera de que alguien me diga cuándo y dónde. Respecto a lo de ser chupatintas, hay una diferencia sustancial en serlo a cuenta de una empresa privada que con cargo al erario.
Lo mejor, sin embargo, de la misiva de este caballero está por venir. Me cita a Estados Unidos como ejemplo de país donde se pagan más impuestos que en España, y donde también hay más funcionarios. Tiene razón; se pagan más impuestos y hay más empleados públicos, pero se fiscaliza hasta el último centavo el dinero de los contribuyentes. Por añadidura, muchos de esos empleados públicos no tienen un puesto fijo. Y los que lo tienen, a menudo carecen de sueldo fijo. A Elizabeth y Leslie los han dejado parados un par de semanas más de una vez, a final de año, siempre que al Estado se le acaban prematuramente los fondos para personal. Y el sheriff del condado donde viven no tiene un puesto fijo; lo eligen cada cuatro años los vecinos, y cuando dejan de elegirlo, entrega la estrella y se va al paro. Así de sencillo. Aquí, en cambio, hasta a los guindillas los contratan para toda la vida. Podría seguir con otros ejemplos, aunque dudo que esto pueda entenderlo alguien con aspecto de no haber ido más allá del rompeolas de Las Teresitas; ni falta que le hace.
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