LA GRAVE crisis económica que estamos viviendo -aunque nuestros dirigentes políticos la quieran enmascarar con sus acostumbradas falacias- está siendo un reto más para las familias, que han de fortalecer sus relaciones de ayuda y de solidaridad entre sus miembros; algo que, normalmente y de forma natural, se suele dar en épocas de bonanza, pero que ahora requiere mayor coraje.
Coincidiendo con el 26 de julio, Día de los Abuelos 2009, esa magnánima y humanitaria organización internacional, la Asociación Edad Dorada-Mensajeros de la Paz (www.mensajerosdelapaz.com), fundada y presidida por el incansable padre Ángel -un cura valiente al que no le cabe el corazón en el pecho-, ha presentado las conclusiones de un nuevo estudio estadístico sobre las relaciones intergeneracionales, centrado en la solidaridad familiar en tiempo de crisis.
Lo más relevante que se desprende de ese estudio es que la solidaridad intergeneracional existe en el seno de las familias españolas, lo que reconoce el 78,20% de los encuestados. Y que se incrementa con motivo de la crisis, provocando un aumento de esta solidaridad familiar hasta el 79,14% de los hogares. Los más jóvenes, entre 25 y 35 años -grupo que coincide con la población más afectada por el paro y la precariedad laboral-, son los que más perciben ese aumento de ayuda intergeneracional. Lo que personalmente me sorprende es que sean los abuelos los más solidarios ante la crisis. Todos los grupos de edad consultados reconocen que reciben más ayuda de los abuelos que la que ellos les prestan.
Además de la ayuda doméstica y afectiva, los abuelos, a pesar de sus bajas pensiones, también ayudan económicamente a los hijos. Un 28,90% de los encuestados dice recibir apoyo material de sus padres, a lo que habría que sumar el 21,61% que manifiesta que además reciben ayuda doméstica. También es significativo el dato que dice que esta ayuda económica directa, que los abuelos ofrecen a sus hijos y a sus nietos, ha aumentado en este tiempo de crisis en un 47,02%. Esta ayuda se materializa en primer lugar en apoyo "para llegar a fin de mes" (34,93%), seguido de ayudas para el pago de préstamos hipotecarios o al consumo (17,96%), y de compra de alimentación o vestido (16,57% y 12,57%, respectivamente). De todo ello se constata que, además de la tradicional figura de "abuelos-canguros", aparece el "abuelo-banquero" -sin intereses-, ante la ausencia de otras fuentes de financiación de las familias.
Son de extraordinaria importancia las ayudas no materiales de los abuelos, como las prestadas en tareas del hogar y cuidado de los nietos, que suponen un gran ahorro en las economías familiares al poder evitar el pago de servicios tales como guardería, canguros, transporte escolar, comedor, servicio doméstico, vacaciones, pequeñas reparaciones domésticas, etc. Se incluye también en este apartado de ayudas no materiales el irse a vivir con los abuelos debido principalmente a no poder pagar alquileres o hipotecas; un recurso extremo al que han recurrido el 2,45% de los encuestados.
Otro aspecto muy positivo de la influencia de los abuelos en la situación de crisis económica son sus ejemplares enseñanzas que, también en estas circunstancias, reciben de ellos las familias españolas. Pues la experiencia de los abuelos les ayuda a ser menos consumistas o a practicar hábitos de consumo responsable, así como a rentabilizar mejor sus recursos.
Es cierto, y así se deduce de la encuesta, que esta desinteresada ayuda de los abuelos es muy agradecida y valorada por sus destinatarios, pues da tranquilidad y confianza a la familia en apuros. Aunque a estas familias les gustaría no tener que acogerse a este recurso y preferirían que los abuelos gastasen su tiempo y sus posibilidades en otros usos que les reportasen más satisfacción o que mejorasen su calidad de vida. ¡Qué mayor alegría o satisfacción para los abuelos que poder dar o darse a sus hijos y nietos! También del estudio se deduce que la ayuda prestada por los hijos y nietos a los abuelos va aumentando con la edad, debido al incremento de la dependencia de los abuelos más mayores.
En conclusión, tal vez el aspecto más positivo de esta crisis sea, sin duda, el fortalecimiento de los vínculos familiares, aprender a apreciar más a la familia y su valor permanente. A pesar de los ataques de ciertos sectores sociales que intentan diluirla en otras formas de vida, alegando que ya es un valor decadente.
* Orientador familiar y profesor emérito del CEOFT
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