J.A. MEDINA, Granadilla
La urbanización Sáenz Marrero actual fue entregada a sus propietarios en diciembre de 1996. La misma fue levantada en el lugar que ocuparon otras construcciones que se vieron afectadas por la enfermedad del cemento, la aluminosis. Situada en las inmediaciones del campo de fútbol, en la vía hacia Vilaflor, actualmente padece una serie de deficiencias para las que sus residentes reclaman una actuación rápida y eficaz por parte del gobierno municipal.
"En comparación con otros puntos del municipio, como El Médano, aquí pagamos un Impuesto de Bienes Inmuebles (la contribución) más caro por recibir menos servicios", afirma un portavoz del colectivo. Pedro Cruz pone como ejemplo el hecho de que "son los propios vecinos los que se encargan del mantenimiento de los jardines y de la limpieza de las vías interiores de la zona". Estas tareas, además, las realizan pagando de su bolsillo el agua que emplean. "Creo que es el ayuntamiento el que, como mínimo, debe aportarnos el agua que se necesita para estas labores si prefieren que esta situación se mantenga", añadió.
Otro hecho sobre el que llaman la atención es el mal estado en que se encuentra parte del alumbrado público de la zona, faltando, incluso, algunas lámparas. Al respecto, indican que "eso se debe única y exclusivamente a la falta de mantenimiento por parte del consistorio, algo a lo que debemos acostumbrarnos".
Aguas fecales
A esas quejas hay que añadir el desbordamiento del pozo que recoge las aguas residuales de la urbanización. Este hecho se produce en plena acera, se prolonga en el tiempo (ya lleva un mes en esa situación) "y nuestros gobernantes no hacen nada para evitarlo, a pesar de que llamamos al ayuntamiento, pero no nos hacen caso". A su juicio, "es una situación lamentable y puede que hasta peligrosa porque se crea un foco infeccioso en la vía pública".
El listado de asuntos pendientes de resolver en Enrique Sáenz Marrero continúa con la existencia de barreras arquitectónicas. En este aspectos ponen varios ejemplos: el de la calle Tigaday, donde el acerado carece de protección en una curva cerrada (incluso hay un báculo del alumbrado público) por la que no pueden transitar con seguridad las personas con minusvalías.
El segundo ejemplo es la construcción de una rampa que termina en una escalera que da acceso a otras viviendas de la urbanización.
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