A RAÍZ de la reciente celebración en el hotel Abama de un acontecimiento social que ha tenido una gran repercusión y, por consiguiente, difusión mediática, como ha sido lo que en muchos medios de comunicación han etiquetado como "la boda del año", entre Jaime Polanco, sobrino del fundador del Grupo Prisa, y Fiona Ferrer, responsable en España de la agencia de modelos "Elite", rodeados de más de quinientos invitados, se ha puesto en el primer plano de la escena nacional e internacional la relevancia y la espectacularidad de dicho hotel, así como el posicionamiento de la isla de Tenerife como un destino turístico de lujo y de calidad.
Cuando se decidió la construcción del hotel, por parte de Tropical Turística Canaria, filial del Grupo Timón, accionista de referencia de Prisa, se quiso elegir un lugar hermoso e incomparable como lo es la suave ladera del Teide que desciende, a través de la comarca de Guía de Isora, hasta el inmenso azul del océano Atlántico, que baña placenteramente las costas de la Isla de La Gomera, cuya enigmática silueta se recorta en el horizonte formando una hermosa frontera visual. Era difícil superar el reto del Jardín Tropical, el otro hotel que ya poseían en la costa de Adeje, en Tenerife; por lo que decidieron que fuera el mismo arquitecto, Melvin Villarroel, el que lo intentara de nuevo. El resultado no pudo ser más satisfactorio.
El hotel Abama es un lugar creado y diseñado para el deleite y el descanso de las personas. Un lugar que respeta las condiciones arquitectónicas, ambientales, ecológicas y climáticas de la zona; donde predomina, qué duda cabe, su estructura poliédrica de piedra terriza y de color de terracota quemada, que fusiona a la perfección la arquitectura tradicional del norte de África con un ambiente de relajación oriental, inmersos en un vergel paradisíaco, donde se entremezclan jardines secretos, lagos, palmerales, cascadas y piscinas; contribuyendo a domesticar un vacío que en la arquitectura de Villarroel tiene un protagonismo fundamental; ya que es capaz de simultanearlo a la perfección con los volúmenes sólidos que conforman las distintas edificaciones del hotel; comenzando por la Ciudadela y terminando por las exclusivas Villas que miran desafiantes al mar, con un diseño étnico y colorista, y engarzadas, ambas construcciones, en una vegetación exuberante -existen más de trescientas variedades de plantas y árboles-, dándole un sentido mágico a las callejuelas de los edificios árabes que serpentean los jardines en perfecta armonía con la arquitectura.
A veces, en Canarias, nos olvidamos del potencial que tienen nuestras islas en general, y Tenerife en particular, para convertirse -de hecho estamos en ello- en uno de los principales destinos vacacionales de lujo de Europa, siguiendo la estela de las islas Caimán o el Caribe. Precisamente fue The Ritz-Carlton Hotel Company, una de las cadenas hoteleras de lujo más importantes del mundo, quien actualmente gestiona el hotel Abama, la que se dio cuenta de nuestra idoneidad como paraíso turístico, y apostó por un lugar donde predomina la calma y la tranquilidad, que permite al cliente del hotel la posibilidad de llevar a cabo la realización de sus sueños; y esto es así porque todo está pensado para proporcionarle al cliente un servicio personalizado en función de las necesidades de cada uno de ellos: La mejor comida elaborada, entre otros restaurantes, por el de Martín Berasategui; el perfecto descanso en amplias y cómodas habitaciones, para cuyo diseño interior se han utilizado materiales autóctonos como el pino canario; el deporte preferido de muchos clientes, como lo es el tenis o el golf, con un impresionante campo de competición de dieciocho hoyos; baños en cualquiera de sus maravillosas piscinas, o en la recoleta playa de aguas cristalinas que lame el acantilado donde se asienta majestuosamente el hotel; un spa con hidroterapia, saunas, rituales ancestrales y tratamientos modernos para la relajación y el descanso, que te acercan a la plenitud del relax, proporcionándole al cliente una verdadera experiencia holística.
Pero con ser todo esto importante, lo que caracteriza al hotel Abama es fundamentalmente su personal. Es, por así decirlo, su mayor valor añadido. La empresa siempre se ha preocupado por promover y cuidar a sus trabajadores mediante el Credo y la Promesa del Empleado; así como también se ha preocupado por sus aspiraciones personales y profesionales. El director general del hotel, Pep Lozano, junto a su mano derecha, Adrian Padina, son quienes mejor interpretan esta aptitud empresarial, que no deja de ser una filosofía que busca la motivación del trabajador, haciéndole partícipe, en lo posible, de la idea de que forman parte de una familia que intenta siempre aunar esfuerzos para sacar el mayor provecho al trabajo personal de cada uno de ellos; de forma que dicho esfuerzo repercuta en el bien del cliente y, por consiguiente, en el del hotel. Esto se lleva a cabo, principalmente, a través de la formación y la especialización de cada trabajador, independientemente del puesto que cada uno ocupe; y que se muestra en las diferentes habilidades y aptitudes personales que son las que, en definitiva, el cliente ve, siente y aprecia.
Por último, no quisiera terminar este artículo sin transmitirles la idea de que lo que es bueno para una empresa que reside en Tenerife, es bueno, no sólo para ella y para sus trabajadores, sino para Canarias. El esfuerzo de uno es el esfuerzo y el beneficio de todos.
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