DEBO al muy querido y antiguo amigo Álvaro Rodríguez, por lo menos una explicación, por no haber tratado oportunamente en esta columna el caso de la devolución de los terrenos de Hoya Fría, en esta isla, a sus legítimos propietarios que son los herederos de don Álvaro Rodríguez López, por parte del Ministerio de Defensa. Fue el editor y director de este diario, don José Rodríguez Ramírez, quien, por iniciativa propia, y por defender la justa aplicación de la Ley, el que, con la representación que ostenta, por su destacada influencia y con la valentía que siempre muestra en sus escritos, el que se ocupó de destacar la razón que asiste a unas personas que reclaman al Gobierno lo que les pertenece y que, en este caso concreto, era, indirectamente, también el reconocimiento a la obra, a la generosidad y al altruismo del gran hombre de Tenerife y de Canarias, don Álvaro Rodríguez López y a lo mucho que también ha hecho por esta isla su hermano don Conrado, padre del querido amigo citado en este escrito. Aunque ya lo ha mencionado mi director, repito que don Álvaro fue pieza clave en la salvación de la vida de su familiar don Rubén Marichal, detenido en 1936 y prácticamente, destinado a la desaparición en tiempos en que el general Dolla Lahoz era capitán general de Canarias y máxima autoridad que gobernaba como un dictador. Muchas influencias se movieron, intervino el coronel José Rodrigo Vallabriga. El precio pagado por don Álvaro fue la cesión de Hoya Fría a Dolla. El resultado inmediato fue la suspensión del traslado de Marichal a la prisión flotante donde le esperaba la muerte. Una carta a Franco, dicen que enviada por su amigo Martínez Fusset, parece que aclaró al Generalísimo los manejos de Dolla, quien, según la versión popular, compareció en Sevilla ante Quiepo de Llano y se cuenta que a Dolla, de parte de Franco, Queipo de Llano le dio a escoger entre suicidio y Consejo de Guerra. Y se cuenta también que prefirió lo primero. De él nunca más se supo.
Esto no consta en la documentación que me envió Álvaro, sino fue versión divulgada en Canarias. Lo que se dice en la documentación del amigo es que Rubén Marichal contrajo, al parecer durante la prisión, un enfisema pulmonar que lo tuvo hasta su muerte.
Hoya Fría, de la que conservo inolvidables recuerdos por los meses que pasé en ese campamento de la Milicia Universitaria, llegó, o mejor, llegará dentro de cinco años al final de sus días como recinto militar, porque luego de que el caso de su devolución pasara por los tribunales y hasta se intentó su expropiación, al fin, Defensa aceptó devolverla a sus dueños según sentencia del Supremo, aunque el terreno siga alquilado al Ejército durante cinco años, que se estima tardará su desmantelamiento, como ya comentó en estas páginas nuestro director José Rodríguez.
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