M.CH., Fuencaliente
Tomás Hernández no parecía muy afectado. Junto a su hijo intentaba arreglar los daños que les había provocado el fuego en su casa, más bien en la parte de la bodega. En estos casos, se hace de fontanero, de electricista y de lo que haga falta. Él mismo lo dice: "No perdí mucho, sólo la parte baja de mi bodega. En la parte alta, mi casa, no se quemó nada".
Cuando se le pregunta por aquella noche, entonces sí reconoce el susto: "Hubo gente que intentó defender las casas, pero aquí no dio tiempo de nada", además, añadió, "nadie avisó". Recuerda que una nieta vino corriendo con gritos: "Abuelo, abuelo, el fuego, el fuego". Entonces, se levantó para salir a la calle con lo primero que encontró: "Salimos de la casa hasta descalzos, porque no nos dio tiempo ni de ponernos las alpargatas".
En cualquier caso se muestra optimista: "A ver si todo se arregla, yo creo que sí".
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