EFE, Madrid
Falta de responsabilidad adulta, desorientación moral y una educación basada en estereotipos de género son las principales causas de la violencia machista entre menores, que los expertos consideran "una exacerbación de un fenómeno preexistente", pero que comienza a ser objeto de análisis.
Hablar de violencia de género implica una relación de afectividad estable entre el agresor y la víctima, y esto no excluye a parejas cada vez más jóvenes.
Andrés Montero, presidente de la sociedad española de Psicología de la Violencia, insiste en que estos casos son fruto de "cómo los chicos y chicas construyen su sistema de reglas para funcionar en el mundo".
Un sistema de reglas patriarcal, "que tiene que ser recodificado con políticas de Estado a muy largo plazo" que requieren una educación "integral y global" que no implica sólo a la escuela.
"El referente primario son los padres, y si el niño recibe un mensaje de igualdad en el colegio, el padre no puede cargárselo en cinco minutos", subrayó Montero.
Paloma Escudero, directora ejecutiva de UNICEF, aseguró que la ley de protección jurídica del niño "se ha quedado muy insuficiente" y cree que es necesaria una reforma estatal, que dedique presupuestos específicos a la infancia y prácticas "que no deben estar incluidas en las políticas sociales".
La fiscal de la sala de menores Consuelo Madrigal coincidió con Escudero en que "la infancia no puede ser una finalidad más de la política social", sino "específica dentro de todas las administraciones, con destino al incremento de implicación social en todas las instancias educativas".
Políticas de prevención
El pilar básico de esas medidas, según Madrigal, deben ser "las políticas de prevención", más que la modificación de leyes penales, que tienen una incidencia "pequeña y marginal" en la prevención de la delincuencia.
Medidas que tengan que ver con el entorno social en el que se mueven los menores y que, aseguró, es "excesivamente" permisivo y tendente a la "autoemancipación, a la autorrealización de los instintos y los deseos de forma inmediata, sin control y sin el contrapeso de la madurez".
El mundo de los menores, aseguró Madrigal, "no es más que un espejo del mundo adulto", a lo que se suma que los chicos actúan siempre en grupo, como ocurrió en los recientes casos de violaciones de menores a niñas.
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