ES UN TÍTULO en el que muchos buenos escritores han contado sus originales paridas. Da juego. Recuerdo un artículo de, a lo mejor, hace un par de años del Cuento de la Buena Pipa de Antonio Burgos, creo que en ABC. Genial.
Mis padres me contaban el Cuento del tío de la Buena Pipa. ¿Quieres que te cuente el Cuento de la Buena Pipa? Y uno, totizo perdido, decía ¡!sííí!! Acto seguido contestaba, el que fuera de los dos: "Yo no digo ni que sí ni que no, sino que si quieres que te cuente el Cuento del tío de la Buena Pipa", y con esa bobería de la buena pipa, que en los tiempos actuales no se come ni una rosca debido a que a los niños del siglo XXI ya no les hace gracia la chorrada, a lo mejor mantenían entretenidos a un par de críos durante un periodo indeterminado de tiempo. El que duraba la trabadera. ¿Se acuerdan del veo, veo? Una cosita. ¿De qué color? Amarillo. Ya sé lo que es, un embudo.
No teníamos tantas luces y nos hacían gracia los chispazos en la oscuridad de la barriga llena que ya se había conseguido. Los chiquillos de ahora les dan veinte mil vueltas a los de antes, ya tienen barriga y poder. ¿Qué les falta? ¿Quizás compromiso?
En los tiempos actuales, esas idioteces suenan ridículas, pero curiosamente se reproducen en otras cuestiones, tareas o profesiones más trascendentes y que en los tiempos pasados no eran pan de cada día. Me explico.
Los políticos de las actuales camadas son auténticos profesionales del Cuento de la Buena Pipa y eso antes no era imaginable. Ni lo intentaban, ni sabían, ni hacía falta. Todo era a lo bestia y no había cuentos chinos, sino paredones y poltronas.
La profesión política parece haberse acostumbrado a marear la perdiz (quizás es la complejidad, intensidad y amplitud de los asuntos), a empantanar las responsabilidades, a diluir los marrones y a lavarse las manos. A contar historietas y a salir como se pueda de los embolados. La culpa no es sólo de ellos, sino también de todos los que hemos complicado las reglas del juego. Así no hay quién se aclare.
En política canaria hay verdaderas posiciones esperpénticas, y en política estatal el PP y el PSOE parecen competir en decepcionar a sus fieles irreductibles: con el cuento aplicado o bien sobre un tesorero o bien sobre una política económica desastrosa. "Yo no digo ni que sí ni que no, sino que si quieres que te cuente el Cuento del tío de la Buena Pipa".
Por ejemplo, O'Rey Zerolo, nuevamente al ataque defensivo de siempre, habla de la gota que ha colmado, no el vaso, sino el balde entero. Que D. Ángel "desarrollo-banderita" se ha pasado tres pueblos y ahora va y se alía con los menores, sabiendo los vecinos que el Ayuntamiento de Santa Cruz es un desastre de gestión y de oposición, en realidad culpa de todos. Lo han hecho mal. Lo siento.
Rompiendo una lanza a favor de los políticos en general, en todas partes cuecen habas y en todas las profesiones hay incompetentes, mangantes y sinvergüenzas. Entre los policías, entre los curas, entre los médicos, entre los asesores o entre los bomberos. Es igual. Los garbanzos negros, los virados y los que meten la mano en la lata del gofio deben quedar expuestos y al descubierto; el sistema debe ajusticiarlos, y sólo a los culpables sacarles los colores. Todos, unos y otros, salimos ganando si señalamos correctamente a los malos de la película. Los buenos no hacen nada bien defendiéndolos.
Quiero creer que hay muchos profesionales, denominados o en quehaceres políticos, honrados y capaces, como en todas las profesiones, pero lo que trato de exponer es que unos y otros se están habituando a engañar embrumando y echando tinta de calamar. Contando cuentos y no cogiendo el toro por los cuernos, con lo que también se defrauda de esa manera a los ciudadanos.
No, señor. Si uno de mi partido es "Botija Verde" lo denuncio y lo siento en el alma. Si de la crisis no se tiene ni pajolera idea de cuándo y cómo se va a salir, se dice que se hará lo que se pueda y no se cuenta que en el último trimestre de 2009 empezaremos a remontar.
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