En contra de las teorías de cualquier economía libre, Zapatero se niega a acometer una reforma laboral que traiga consigo el abaratamiento del despido. La legislación laboral española es tan engorrosa que hasta los jueces se las ven y desean para emitir sentencias justas. Son tales los recovecos de las leyes y lo difícil de su interpretación, por ese afán del legislador de dejarlo todo atado y bien atado, que su aplicación se convierte en un galimatías.
Una legislación heredada de las que usaron los grandes sátrapas de principios del siglo XX y que han acogido con entusiasmo los sindicatos y el Gobierno español, porque les permite hacer proselitismo político a costa del esfuerzo de los empresarios. Cada vez se acogota más a los empresarios y se les da más liña de barquero a los trabajadores. Y no digamos a los funcionarios. Despedir a uno de ellos es más difícil que convencer a Zapatero de que lo que está haciendo es un disparate.
A los entusiasmos de ZP en la confabulación con los sindicatos -sus vergonzantes aliados en la crisis- se une ahora la vicepresidenta Fernández de la Vega, que insiste en que no se va a acometer esa necesaria reforma, que reforzará el papel de los buenos trabajadores y echará a la hoguera del paro a los gandules. Zapatero no sólo no contempla la reforma sino que ahora se inventa un paro del paro, es decir, a los que se les acabe la ayuda se les concede otro subsidio nacional, que naturalmente pagará la media España que trabaja.
Zapatero va a morir políticamente en varios frentes. Pero, desde luego, uno de ellos será su falta de sensibilidad con el sector empresarial, al que considera su enemigo. No sabemos dónde está esa idea de la España moderna si practica un socialismo ramplón y proteccionista que no va a ninguna parte. Si tanto le gustan ahora los Estados Unidos, que se fije en cómo es el despido allí: libre y muy barato. El Estado, y los que trabajamos, no tenemos por qué subsidiar al gandul. Y si no que pida informes ZP del paro fraudulento en España que llega a cifras de escándalo.
¿Por qué ese empecinamiento en no abordar un asunto que significa ya un clamor? ¿Ganarán este pulso los empresarios o los socialistas "progresistas" (¡Dios mío!), que siguen teorías laborales impuestas por el Caudillo de España? Primero descabalgan al general de sus estatuas ecuestres y luego siguen su criterio para el sector laboral, en un intento -esta vez- de ganarse el favor de los sindicatos y los votos de los trabajadores.
El errático presidente del Gobierno ya no sabe qué hacer. Se ha enfrentado a la Iglesia (nueva ley del aborto, píldora del día siguiente, educación para la ciudadanía, matrimonio gay), se ha enfrentado a la patronal, ha timoneado fatal la crisis económica, España duplica la tasa de paro de Europa. ¿Y no rectifica?
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