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Canarias registró fenómenos similares al "Delta" y el 31-M en el pasado

La excepcionalidad y mayor frecuencia de los eventos meteorológicos adversos aún debe ser demostrada, según el geógrafo Pedro Dorta, que destacó en Adeje la importancia de reconstruir el clima del pasado para tener mayor conocimiento del calentamiento global.
30/jul/09 07:32
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PEDRO DORTA aseguró que "el cambio climático no lo explica todo"./ el día
PEDRO DORTA aseguró que "el cambio climático no lo explica todo"./ el día

MIGUEL GÓMEZ, Adeje

¿Están ocurriendo fenómenos nuevos en el clima y pueden atribuirse al calentamiento global? Estas preguntas se plantearon ayer en el curso "Cambio climático. Regionalización de las predicciones y efectos sobre la población y los ecosistemas", dentro de la XVII edición de la Universidad de Verano de Adeje, y, aunque las respuestas no fueron concluyentes, sí que dejaron datos para la reflexión, como el hecho de que los eventos meteorológicos más violentos y llamativos que se han producido en las Islas en los últimos años -las lluvias torrenciales del 31 de marzo de 2002 en Santa Cruz de Tenerife y la tormenta tropical "Delta" de noviembre de 2005- han tenido antecedentes.

La información sobre el clima del pasado arrastra la dificultad de la falta de datos, dado que la primera estación meteorológica de Canarias, Izaña, fue creada en 1916 y no se informatizó hasta la década de los cuarenta, mientras que en algunos países centroeuropeos datan de comienzos y mediados del siglo XVIII.

Esto ha obligado a recurrir a los archivos históricos -fundamentalmente eclesiásticos-, por lo que es necesario "tener cuidado y cotejar la información con otra de origen biológico", advirtió Pedro Dorta, profesor titular de Geografía Física de la Universidad de La Laguna (ULL).

El experto destacó la importancia de reconstruir el clima del pasado para evaluar el alcance de los fenómenos meteorológicos del futuro y para entender el cambio climático. "Como sociedad debemos adaptarnos, al menos, a lo que ya ha ocurrido, pero no sabemos muy bien qué es lo que ha pasado", aseguró.

A su juicio, esta adaptación "no debe basarse en hipótesis infundadas".

Como ejemplo de estas últimas, se refirió a una frase recogida el decreto del Gobierno canario sobre la actuación en caso de fenómenos adversos en la que se sostiene que estos eventos se han intensificado y hecho más frecuentes, algo que es "indemostrable".

No obstante, "todo parece indicar que hay un aumento de amenazas climáticas, pero el cambio climático no es el principal responsable de lo que está ocurriendo", aseveró Dorta, para quien esta responsabilidad habría que atribuirla, más bien, a "quienes gestionamos el territorio".

De hecho, concluyó, "la vulnerabilidad crece más rápidamente que la intensidad del peligro".

Los fenómenos de los últimos años "han dado lugar a pensar, sobre todo desde el punto de vista del periodismo y las instituciones públicas, que el clima cambia y vamos hacia la catástrofe, pero ¿podemos afirmar que son cosas nuevas?", señaló Dorta quien, no obstante, aclaró que el calentamiento global "es indiscutible".

La duplicación de la media de precipitaciones y su "tremenda" concentración espacial y temporal dan un carácter excepcional a la riada del 31 de marzo de 2002. Sin embargo, matizó el ponente, "otros datos dicen que no es así". Lo que sí está claro, dijo, "es que, si ha ocurrido, volverá a ocurrir".

Si el 31-M ocasionó ocho víctimas mortales, eventos anteriores se acercaron a esta cifra, como los producidos en 1723 (tres fallecidos) y 1879 (cinco), mientras que otros la superaron ampliamente. Es el caso de los cien muertos de Garachico en 1645 y, sobre todo, de los "centenares" -unos 300 sólo en Tenerife- que dejó en las Islas la que es "seguramente la peor catástrofe natural, incluyendo las erupciones volcánicas, del Archipiélago", sucedida en 1826. Otro episodio de precipitaciones similar al del 31 de marzo ocasionó 32 muertos en La Palma en el año 1957.

En cuanto a Delta, los registros más elevados de la velocidad del viento (144 kilómetros por hora en Mazo y 132 en Santa Cruz de Tenerife) no suponen un récord. En los mismos lugares se midieron velocidades sensiblemente superiores (162 kilómetros por hora) en 1970 y 1975. Entonces, los titulares periodísticos fueron "prácticamente idénticos" a los que generó Delta. "Tal vez, fenómenos ocurridos en 1710, 1722 y, sobre todo, el de 1826, podrían tratarse de eventos similares a Delta", apuntó Pedro Dorta.

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