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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

Los brujos tocan a la puerta

30/jul/09 07:32
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EN ÉPOCAS de crisis donde no sólo es la económica la determinante, sino también que a su alrededor mal florecen otras, desde la psicológica hasta la política muchas veces se recurre al brujo para que marque un camino que no se ve y diseñe un futuro que se escapa de las manos.

Después de años y años de andadura de la humanidad, en que los traspiés de la historia la situaron en el disparadero de las guerras y de la insolidaridad, se llegó a pensar que eso era ya harina de otro costal, agua pasada y que al fin aparecería un proyecto de hombre mejor confeccionado y más racional. A partir de ahí, ya uno podría mirar al otro como un igual al que se le tendería la mano para así, todos juntos, romper la muralla del oscurantismo y de los miedos heredados.

El futuro estaba a la vuelta de la esquina y, además, se hacía un esfuerzo para que así fuera. Se confiaba en él, dado que el presente se esfumaba y marcaba de manera descarada que por ese camino no se llegaría nunca a sitio alguno. Pero aquello que se deseaba, lo que cada cual se prometía como fundamental, que era situar al ser humano en una mejor rampa de lanzamiento hacia mejores metas, fue flor de un día.

Y ahora, más de lo mismo. Nos encontramos con el día a día pleno de inseguridad, ambiguo, sin definirse, donde aquella esperanza nostálgica se ha traducido en una desconfianza ya dominante.

Aparece entonces el estrangulamiento del deseo, el adocenamiento y el desgaste de las ideas y el plagio de unos por otros. Así como la indignidad de cada cual que no ofrece más que resabios y malos entendidos. Y, llegando ahí, la mayoría opinará que no merece la pena el esfuerzo mental y elucubrar otras aventuras que no sean las de hoy para mañana.

Se preguntarán, seguro, si cuando el mundo estaba plagado de pensadores egregios y estos no fueron capaces de alertar el desaguisado y la hecatombe, ahora, cuando es la mediocridad lo que existe ¿qué se va a hacer: estar a la espera de sus designios, de sus cabriolas, de sus memeces?

Si el futuro no lo controlamos y el presente se nos escapa de las manos y aparece un nuevo estigma del pensamiento emboscado en la vuelta de los brujos, como si estos fueran heraldos de los viejos dioses ocultos, y encima nos creemos que somos víctimas involuntarias de fuerzas tanto sobrehumanas como sobrenaturales, entonces, si eso es así, como parece, no cabe duda de que estaremos en el regreso hacia el espacio del oscurantismo.

Cuando los brujos tocan a la puerta y salimos a recibirles pensando que nos van a traer alguna buena nueva y lo primero que vemos es un ser sin rostro, marcado por las arrugas del tiempo y de la tragedia, que no dice, que gime y gesticula en el vacío, pero que a pesar de todo queremos hablar con él sin lograrlo, aparece en ese momento el aullido. Y si el lenguaje, que es lo que nos define como humanos, se ausenta y toma presencia la autodestrucción y la insignificancia de unos que se creen poderosos y otros que, pretendiendo ser los amos del mundo, se han quedado sin palabras, sólo con rituales inconexos entonces sí que podemos ya tocar a retirada.

El oscurantismo, cuando se instaura en la sociedad y lo hace por una inercia establecida y dinamizada por la falta de perspectivas; desde la gente joven, y no todos, que viven al día, que no desean intuir futuros, que no creen en nada ni en nadie y que su mejor amigo es la estridencia y el silencio de los estómagos machacados por el alcohol; y también que desde la madurez en que la perspectiva se ha acotado, se ha diluido dentro de sí y que lo único que mueve su interés es dejarse llevar o mangonear por el que se cree el mejor amparo en el ropaje del brujo, poco o nada se podrá lograr no siendo, claro está, una vuelta a la irracionalidad, al sinsentido, a la majadería constante, al discurso insulso, a la bobería rampante, a la palabra hueca, sin retumbo exenta de dinamismo.

El brujo que toca a la puerta, que tiene múltiples facetas, todas sin rostro, pero con un rictus de idiotez perfectamente marcado en sus ademanes, si no lo enviamos al infierno, si no nos lo quitamos de encima y continuamos considerándolo nuestro mejor amigo, estaremos, entonces, en el inicio de la llegada al reino de Babia.

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