A Tenerife, mi tierra
Cuando Dios creó este mundo,
hizo cosas sin igual
y entre tantas cosas bellas
creó mi tierra natal.
Mi isla de Tenerife,
que para mí es la mejor,
tiene tantas cosas bellas
que son todas un primor.
Por el Norte o por el Sur,
por el Este o el Oeste,
por dondequiera que vayas
ves sus montes y sus playas
con sus colores que cambian
entre verdes y celestes
sus volcanes agrestes.
Cada uno de sus pueblos
tiene algo encantador,
que te cautiva por algo
que te resulta esplendor.
El Teide con su altivez,
su grandeza y elegancia
y en el suelo las flores
con su perfume y fragancia.
También tiene sus volcanes
que la isla nos tapizan
con sus diversos colores
grises, negros y secos,
así, nuestro terruño matizan,
que no la ven nada igual
por donde quiera que pisan,
pues son tantas cosas lindas
que te puedes encontrar
en el monte, en el campo,
en una playa, en un barranco,
en una fuente o desierto,
o en algún otro sitio
algo en ella encontrarás,
algo que no lo vas a olvidar.
Cuando no ves algo grande
que se te haga notar,
verás otra más pequeña
que también se va a grabar
en tu recuerdo y tu mente,
y dondequiera que te encuentres
tú la habrás de recordar.
Si de mi isla me fuera,
que grande pena la mía,
pues no la olvidaré nunca
y quisiera volver cada día.
Cada pueblerino quiere a su pue
[blo,
el capitalino a su capital
y yo como tinerfeña
quiero a mi Isla natal,
que para mí, como ésta,
no hay otra mejor ni igual.
Quiero mucho a mi Tenerife
y a todos sus tinerfeños,
también me siento canaria
y quiero a todos los isleños.
Yo no me olvido que hay
otras islas más grandes y bellas
o más pequeñas y bonitas,
pero para mí Tenerife
es la que veo de estrella
y la que me hace vibrar,
y como he dicho otras veces,
para mí (sin despreciar ninguna
[isla),
no hay otra mejor ni igual.
María del Carmen Pinto Dorta
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