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Reflexión veraniega: sinceridad

29/jul/09 07:42
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ACTUALMENTE seguimos vivien-do ese estado moderno de "pasar", que es prescindir teórica y prácticamente de Dios; y todo por una novedad de imparable frivolidad. Pero entre los que nos profesamos religiosos no olvidemos que hay dos clases de manifestarse religiosamente: con hipocresía y con sinceridad, vivir el fariseísmo o el cristianismo. Jesús, en el Evangelio, nos presenta esta doble vertiente de la religiosidad para que elijamos la mejor.

Jesús fustiga a los fariseos como causantes del descrédito de la religión verdadera. Y no es aventurado decir que las indiferencias y el ateísmo actuales tienen como una de sus causas la caricatura religiosa que tantas veces presentamos los que nos llamamos cristianos

El fariseísmo es la religión del parecer, no del ser; de la hipocresía, no de la sinceridad. "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío". Palabrería sin espíritu, aunque se llaman largas oraciones, eso se llama fariseísmo, no es cristianismo. No es que las palabras, las ceremonias, los actos exteriores sean condenables en sí; lo son sólo cuando están vacíos. Por el contrario, si son la expresión de un espíritu sincero, entonces son laudables. Porque la misma sinceridad interior tiende a exteriorizarse.

Otro rasgo típico del fariseísmo fustigado por Jesús es el moralismo; poner la fuente de la moral en las cosas, ritos o leyes, normas o modas. El mero cumplimiento exterior de leyes y deberes es fariseísmo, no cristianismo; porque cristianismo es colocar en el corazón el único manantial de la bondad, apartado de toda maldad; porque lo que sale del corazón es lo que hace puro al hombre, porque de dentro del corazón del ser humano salen los buenos propósitos, la castidad, las obras buenas, la total responsabilidad. Así como el fariseísmo reduce la religión a la moral de apariencias externas, el cristianismo no se contenta con las buenas intenciones del corazón, sino que, además, se materializan en las obras.

Por eso, la fe cristiana es la coherencia entre lo que se piensa y se siente y lo que se manifiesta y vive. "La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas, las dos clases de personas más desamparadas de la época de Cristo; hoy, debemos ampliar el campo de la fe cristiana al amor eficaz y directo a personas particulares y a las necesidades sociales y morales. La fe cristiana es amor afectivo y efectivo, traducido en obras de justicia y misericordia. Esto es ser sincero con nosotros mismos, porque lo somos para con Dios.

* Capellán de la clínica

S. Juan de Dios

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