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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Democracia de coña

29/jul/09 07:42
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LOS PACTOS políticos post electorales son un engaño para el ciudadano. Bien es verdad que en España el votante siempre ha sido menor de edad. Ni siquiera se le permite que introduzca él mismo la papeleta en la urna; el presidente de la mesa lo hace por él. Algo que no ocurre ni en el país más cutre del mundo. Y ojalá el asunto acabase ahí. Lo malo es que comienza ahí. A los políticos se les llena la boca diciendo que somos un país democrático porque podemos votar más o menos cada cuatro años. Votar sí; elegir realmente es otro asunto. Empezando por la Jefatura del Estado -que no se vota sino se hereda- y acabando en un ayuntamiento perdido con media docena de vecinos viejos, lo único que hacemos cuando se nos permite expresar nuestra voluntad es convertir en concejales, en diputados autonómicos y nacionales o en consejeros de cabildos a unos señores que luego decidirán, de acuerdo con intereses que poco o nada tienen que ver con la voluntad de los ciudadanos, quién será el alcalde o el presidente del Gobierno llamado a regir sus destinos.

Todo este prolegómeno encaja cabalmente en dos corporaciones tinerfeñas: los ayuntamientos de Santa Cruz y Puerto de la Cruz. Comprendo que en un país en el que, como acabo de decir, se hereda hasta la Jefatura del Estado, abunden los alcaldes convencidos de que tal o cual ciudad es predio de su partido. Así, CC, o de forma más concreta ese subconjunto de CC que ya no existe formalmente como tal aunque sigue en la mente de todos llamado ATI, piensa que la Alcaldía de Santa Cruz debe pasar de mano en mano debido al inevitable relevo generacional, pero siempre siguiendo una sucesión de padres a hijos políticos. O, como mínimo, de padres a sobrinos, pero siempre dentro de la misma familia. En este caso, el nacionalismo oficial.

Sucede a veces, empero, que esa choteada voluntad popular no refrenda tales esquemas sucesorios. Entonces se recurre a cierto maquillaje post electoral, pues aunque esto sea el coño democrático de la Bernarda, algunas apariencias hay que guardarlas. Y así, rodando, rodando -cuesta abajo corren hasta las piedras- tenemos a un alcalde santacrucero de CC apoyado en un PP -y sobre todo en un Ángel Llanos- al que detestan él y su partido, y a una alcaldesa portuense del PSOE sostenida inicialmente por un aún más contra natura acuerdo con los populares; contubernio que duró lo que pudo durar, y mucho fue. Ni conozco a todos los votantes de CC en Santa Cruz, ni siquiera a todos los del PP en la otrora pujante ciudad turística. Líbreme Dios de semejante esfuerzo memorístico. Sé, no obstante, cómo piensan algunos de ellos. Lo suficiente para saber que jamás hubieran votado por el PP portuense para que Lola Padrón fuese alcaldesa -lo de alcaldesa es un decir-, ni por CC en Santa Cruz para que el Pibe de Ofra le hiciese sombra a Zerolo y pusiera en peligro, como lo está haciendo, los garbanzos de muchísimos niños y niñas enchufados y enchufadas, que jamás tendrán otro patrimonio que el heredado pues, esencialmente, son inútiles -e inútilas- de nacimiento. Lo que haya decidido el votante puede esperar. En fin; a lo mejor mañana les cuento, con menos filosofía y algunas claves, por dónde van los asuntos de Santa Cruz y el Puerto de la Cruz.

rpeyt@yahoo.es

 

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