LOS TREMENDOS vendavales que asolan el norte central y desértico de África son denominados Sirocos. Se trata de tormentas de arena que ocasionalmente alcanzan la velocidad del huracán, secas y cálidas, que escupen a la atmósfera en sus diferentes capas verdaderas e imponentes acumulaciones de "polvo" sahariano que, dependiendo de la dirección que tomen, pueden incidir en el viejo continente desde el Mediterráneo -en las nieves perpetuas de Los Alpes se pueden tomar muestras con rastros de las evoluciones ascendentes y cada vez más acusadas del fenómeno-, en las Islas Canarias, Azores, Madeira, Cabo Verde e, incluso, alcanzan hasta la América brasileña y a toda la foresta del Amazonas.
Se presenta en masas compactas de aire caliente y tropical, que son arrastradas y que se cuelan hacia el Norte o el Este por las células de baja presión que se mueven a través del mar, con el viento originado en los desiertos saharianos. El aire continental más caliente, más seco, se mezcla con el aire más fresco, más húmedo, del ciclón marítimo, y la circulación a la izquierda del punto bajo propulsa un remolino mezclado a través de las costas meridionales de Europa y orientales de Canarias.
Pero, sorpresa. Curiosamente, se ha demostrado científicamente que, además de mitigar el efecto del calentamiento global, son beneficiosas como gran fumigación y riego de partículas activadoras sobre las zonas en las que impacta. Si no tenemos en cuenta el efecto nocivo en los humanos o en los grandes animales y partimos de que el calor bochornoso es otro efecto distinto, parece ser que es una lluvia de riqueza.
Estudios realizados en Australia, donde se produce un fenómeno parecido al siroco del norte de África, en otra lengua que normalmente irrumpe y baña a Nueva Zelanda, con rigurosos seguimientos de impacto, confirman que esta marea aérea activa el microplancton en toda la superficie del mar y cumple en tierra con funciones de fumigación, anulando la efectividad de algunas plagas y, con funciones de abono, mejorando combinaciones de nutrientes naturales.
La calima tiene su origen en la ventolera que arma el siroco; sin embargo, dichas tormentas tienen un área de impacto menor que la de la calima, debido a la precipitación de las partículas de mayor peso. Como efecto inmediato y en función de la densidad, produce una disminución en mayor o menor medida de la visibilidad y la aparición de molestias en ojos, nariz y garganta. Si es persistente o abundante, al cabo de unos días suelen aparecer otros síntomas como bronco-espasmos, crisis respiratorias y asma. Su desaparición, pues, está ligada a la inestabilidad de la atmósfera y está condicionada por el viento o la lluvia.
Con una duración desde medio a varios días, con velocidades de casi 100 km/h producen generalmente efectos durante el final de la primavera, el verano y hasta el otoño, alcanzando máximos entre junio y noviembre. El siroco empujando a la calima provoca en personas sensibles o vulnerables cambios de humor, dolores de cabeza y cuadros respiratorios? hasta el punto de que, en conflictos judiciales, se ha usado como atenuante (mirar jurisprudencia).
Siroco o calima volvemos a tener encima; la caída a tierra de este sustrato accede después en una proporción respetable a los cauces y estos, teóricamente (cuando corrían), los acumulaban en las desembocaduras de los barrancos. Por eso es que las playas de arena amarilla son un paisaje natural de estas islas y no está nada mal implementarlas en zonas de litoral deteriorado como el de Punta Larga, Añaza?
Aquí, el fenómeno tiene otro efecto muy perjudicial: que no deja, mientras dura, que lleguen los vientos alisios que acumulan la nubosidad del Atlántico sobre las cumbres más altas de las cordilleras del norte.
Thomas Mann, un clásico en la literatura homosexual, con su novela "Muerte en Venecia", describe una densa e intrincada cosmovisión gay del amante otoñal y aduce, más o menos, que es una prevención rutinaria contra el siroco y el calor... Un detractor del escritor, D. Alfred Kerr, se refirió sarcásticamente a la novela, ya que "hacía de la pederastia algo disculpable si era ejercida por las cultivadas clases medias". El propio Mann, su autor, describió una vez sus sentimientos por el joven violinista Paul Ehrenberg como "la experiencia central de mi corazón". Sin embargo, como muchos otros homosexuales de su época, Mann eligió casarse y tener familia.
infburg@yahoo.es
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD