La destitución de Ángel Llanos por parte de Miguel Zerolo era algo que el alcalde de Santa Cruz venía madurando desde hace tiempo. La única incógnita era cuándo y cómo se iba a producir. Desde que Zerolo anunció a principios de este año su idea de poner en marcha un gobierno de concentración, para hacer frente, según explicó en su día, a la crisis económica, estaba claro que el objetivo no era otro que prescindir del hasta ayer su primer teniente de alcalde. La crisis no se combate con iniciativas de este tipo, sino adoptando medidas, algo que hasta la fecha no ha hecho. Ni siquiera el decreto de emergencia social o la creación de un organismo autónomo para facilitar el pago de ayudas puede considerarse como tal, pues con eso lo único que se ha subsanado son los errores cometidos por la anterior responsable del área de Bienestar Social.
Ahora bien, como bien dice el refranero español, muerto el perro se acabó la rabia. Zerolo ya no tiene excusas para empezar a dirigir el gobierno del Ayuntamiento de Santa Cruz, pues hasta la fecha lo que ha faltado en la Corporación chicharrera es un líder que tome decisiones y lleve a la capital tinerfeña donde realmente se merece.
Podría empezar, por ejemplo, por solucionar el problema que tienen con el litoral los habitantes de esta ciudad, propuesta por el propio Zerolo como un ejemplo en Europa. No se entiende que en un municipio bañado por el mar, sus vecinos apenas puedan disfrutar del mismo por culpa de erráticas decisiones políticas.
La marcha de Llanos, que ha demostrado ser un imberbe en el juego de la política, ha de servir de revulsivo para sacar a Santa Cruz del pozo en el que anda sumida. Eso sí, para ello es preciso que alguien tire hacia arriba de la cuerda, algo que hasta ahora no ha ocurrido, pues unos y otros estaban más entretenidos en pequeñas batallitas.
*Redactor jefe de EL DÍA
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