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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Españoles de primera o ingleses de segunda

27/jul/09 07:40
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QUÉ SERÍA de mí sin los mensajes que recibo de los cuatro lectores que aún me aguantan. Motivo casi siempre de inspiración y rara vez de cabreo, pese a los "piropos" contenidos en algunos de ellos, suelo leerlos con avidez. Hoy quiero comentarles uno sobre el asunto de Gibraltar enviado hace un par de días por uno de esos incondicionales seguidores. Un señor que me escribe en numerosas ocasiones con gran agudeza de análisis en temas diversos; puntualizaciones y apostillas -habitualmente observaciones- que siempre agradezco aunque muchas veces no comparta.

Me expone en esta ocasión dicho lector, cuyo nombre omito porque él no me ha autorizado expresamente a revelarlo -ni siquiera sé si firma con seudónimo-, dos temas interesantes. Uno, como digo, es el de Gibraltar; el otro se refiere a su incomprensión sobre las dudas de muchas personas acerca de si el hombre realmente llegó a la Luna hace cuarenta años o, como señalan los incrédulos, todo fue un montaje de los norteamericanos para adelantarse definitivamente a los rusos en la carrera espacial. No entiende cómo hay gente capaz de prestar atención a semejantes patrañas, al igual que al esoterismo y otras sandeces, cuando la ciencia contiene en sí misma historias mucho más fascinantes. Ciertamente es así; qué le vamos a hacer.

Lo de Gibraltar, en cambio, es agua de otro río. Señala mi estimado comunicante que deberíamos reflexionar sobre un hecho nada baladí: algo malo debe tener España cuando los gibraltareños prefieren ser ingleses de segunda o tercera, antes que españoles de primera. Llegado a este punto uno podría caer en el chauvinismo puro y manifestar que ni España tiene nada que envidiarle al Reino Unido, ni los españoles a los hijos de la Gran Bretaña. Pero no. Las comparaciones en este caso no es que sean odiosas; simplemente están fuera de lugar. No cabe la menor duda de que tenemos muchas cosas que envidiarle a los ingleses; quizá tantas como ellos a nosotros, habida cuenta de que los británicos con posibilidades suelen venir a vivir a España cuando se jubilan. Y algunos incluso antes de jubilarse. Verbigracia, los que viven en lujosas mansiones de la Costa del Sol pero trabajan de lavanderos en Gibraltar. De lavanderos de dinero, para ser precisos, pues el Peñón, como cualquier paraíso fiscal, se ha convertido en una inmensa lavadora de capitales cuya procedencia resulta, cuando menos, dudosa.

Obvio volver a comentar el disparate, con ribetes de infamia, que ha cometido Moratinos -y con él todo el Gobierno del talante- al visitar esa colonia británica la semana pasada. Tan sólo le apunto al apreciado lector que la realidad es más ramplona. El interés de los llanitos por conservar el pasaporte británico tiene una raíz más simple que la gloriosa -o ignominiosa, según se mire- pertenencia a un país u otro, pues se basa en el hecho incuestionable de que viviendo en Gibraltar pueden hacer casi lo que les da la gana; empezando por pagar menos impuestos que en Gran Bretaña, e incluso en España.

En definitiva, apreciado lector, apreciados lectores: los unos, los otros, el caradura de Caruana y hasta el de la moto se están riendo de nosotros a mandíbula batiente, sin la necesidad adicional de que un bufonesco ministro de Exteriores haga el clown en la roca.

rpeyt@yahoo.es

 

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