Tendrá que ser Europa, muy cabreada con España a causa de sus esperpénticos "records sociales", la que tire de las orejas a un abatido Zapatero. Con el paro al 18% --28% en Canarias-- y con el despido más caro del continente, será la Unión quien intervenga para aclarar las cosas con España. Ocurrirá en otoño.
Y en otoño también se reanudará eso que llaman diálogo social. Que no es más que las reuniones infructuosas entre unos empresarios hartos de tener que soportar los despidos más caros del continente y unos sindicatos que tienen cogidos por cierto sitio al Gobierno de Rodríguez Zapatero, con la huelga general colgada de la cabeza del presidente, como una espada de Damocles.
Como no va a haber acuerdo, tendrá que ser la Unión la que, vergonzosamente para España, deberá intervenir en un país que no cumple ni uno solo de los parámetros económicos comunitarios. Un país en crisis galopante, con las pequeñas y medianas empresas en el suelo y con la economía destartalada; un país con el paro disparado y los sindicatos intentando dictar la política económica; un país, en suma, con un Gobierno dando palos de ciego y un presidente exhausto que supedita su ideología a cualquier negociación, a espaldas de los intereses nacionales. Tan solo para perpetuarse en el poder.
Zapatero no puede ya con España. Está hundido. Es una marioneta en manos de los sindicatos, que no dudarán en darle la puñalada trapera en cuanto el presidente haga algo que no les guste. Y tendrá que hacerlo porque la patronal que preside Díaz Ferrán no va a ceder. Ni Cándido Méndez -al que ya no se le entiende ni media palabra cuando habla, embotado de tanta merienda-- ni Fernández Toxo son amigos de nadie. Se arriman al PSOE porque el presidente del Gobierno les da calor, pero hasta que les interese. Ni un minuto más.
El diálogo social ha muerto. Los empresarios ya no tienen nada que perder; las economías patronales se encuentran hundidas; los concursos de acreedores baten records históricos; el paro va camino de los cinco millones, pero de una forma imparable. El Gobierno no tienen un solo motivo de alegría y por eso el ministro Corbacho se permite amenazar a los empresarios. Pero la patronal no se ha amilanado, por esta vez. Aquí tienen los socialistas un hueso duro de roer y ya era hora. Zapatero se ha ocupado personalmente de sentarse con empresarios y sindicatos, como si fuera algo personal. Ha tenido demasiado prisa. Y como le ha dicho Mariano Rajoy, las prisas son malas consejeras.
El recurso del PSOE ha sido el de siempre, la pataleta. Que la CEOE se ha aliado con el PP para cargarse el consenso, el diálogo social. Váyanse por ahí. Eso ya no cuela. El diálogo social se lo ha cargado el señor Rodríguez Zapatero y sus compinches sindicalistas. Y nadie más que ellos. A llorar a la rue, pues.
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